1/15/2006

Visión futura

mmm... Tomo un poco de aire, así como en la primaria en clase de deportes (educación física según el maestro) cuando elevaba los brazos e inhalaba, luego los bajaba y el aire iba hacia afuera. Siento un débili mareo, hace mucho no respiraba de ese modo. Así comencé el primer día del resto de mi vida, respirando, tomándome el tiempo necesario para darme cuenta de esa básica actividad que durante todo el día desempeño sin siquiera reparar en ella. Ahora camino hacia la ventana sintiendo cada paso, notando que no representa un gran esfuerzo para mí el avanzar, que es casi como la respiración automática. Viene a mi mente el recuerdo de alguna larga caminata, donde respiraba a la par, y en la que seguramente pensaba en tantas otras cosas que el milagro no fue apreciado. Pienso entonces que debe haber alguna manera de condicionar al cuerpo para que inclusive una actividad mucho máscompleja pueda llevarse a cabo de una manera automática. Un cálculo matemático por ejemplo; la memorización o jamás fallar un tiro de basketball, asi como jamás se puede fallar al dar un paso.
Me quedo pensando en eso algunos minutos, bastantes minutos, pero eso no importa mucho, le puedo dedicar mi tiempo a lo que yo quiera, y pensar en algo así me parece una buena inversión de segundos. No he quedado de verme con nadie, así que para qué tener prisa. Hoy comienza el renacimiento, mi renacimiento, y puedo hacer lo que se me antoje.
Decido acercarme a la ventana, ya que el sol llama mi atención desde el otro extremo del largo pasillo. Ahí no existe nada más que un enorme árbol que tupido de hojas me hace preguntarme su edad. No sé mucho de eso así que puedo pensar lo que yo quiera, todo lo que se me ocurra; tanto como que nació ayer y ha crecido muy rápido o que tiene miles de años existiendo junto a esa tierra de la que se nutre mientras yo hago lo que sea que siempre esté haciendo.
El sol penetra mis poros, siento calor, uno débil pero muy cercano, suficiente diría yo. Cierro los ojos porque quiero ver en ese espacio negruzco de la ceguera un tinte color anaranjado que me lleve a algún otro rincón distinto. Comienzo a ver figuras en el negro lienzo, círculos caprichosos, sombras... esas cosas que se ven cuando no se ve nada.
Pienso en este día, en lo que ofrece, en lo que ofrece cada nuevo día. Contrapongo lo que puede brindar un día viejo: buenos recuerdos, malos recuerdos, impotencia, resignación, aprendizaje... y decido que me quedo con los días que nacen, eso si tuviera que elegir; y aunque no existiera la necesidad de hacerlo de todos modos me quedo con los días nuevos.
Lo que pasó dejará de importar. Eso solía decirme siempre; hoy ella ya no importa porque ella ya pasó, pero sus palabras flotan en mi mente sin que pueda apagarlas porque lo que dijo fue algo un tanto sabio. Oí esa frase unas muchas veces más mientras miraba hacia el techo y realmente creí que olvidaría todo apartir de ese instante. Lo nuevo da miedo, pero puede convertirse en la felicidad.

1 comentarios:

Monkeyboy dijo...

"Así comencé el primer día del resto de mi vida", eso lo puedes decir todos los días, excepto el último día de tu vida.