Tenía todo planeado, honestamente fue un golpe de suerte haber conseguido esos datos tan confidenciales, aún no entiendo cómo lo hice, pero el chiste es que ahí estaba, con toda la información necesaria para hacer lo que tanto tiempo había deseado... conocerlos en persona. Le hablé a una amiga respecto a mi plan, pero como es mas bien fresa no se animó a correr el riesgo, argulló que algo podría pasar, que la neta no se atrevía y todas esas cosas que uno dice cuando simplemente no quiere hacer algo. Como no era buena idea ir sola, contacté a un grupo de fans que se había formado en su honor, realmente nunca me gustó la idea de que una bola de adolescentes insulsas de 15 años se juntaran para apoyarlos simplemente por moda o porque les gustara alguno de ellos, es decir, eso los ponía al nivel de uff o algo peor; pero ígnoré ese detalle porque, pues, la unión hace la fuerza.
Se volvieron locas al oir la noticia y accedieron a ir, es más, me rogaron que las dejara. Decidí aprovecharme de la situación inventándoles el cuento de que había prometido pagar por la información a alguien, y aunque la historia era algo estúpida me creyeron y soltaron el dinero.
La mañana del gran día estuve meditando acerca de qué les diría al tenerlos cerca, tal vez hablaríamos de su música, de su vida, tal vez la policía nos sacaría del lugar antes de aproximarnos lo suficiente... Ese "nos" en "nos sacaría" me sacó de quicio. ¿cómo iba a compartir mi sueño con una bola de pendejas por míseros 300 pesos y un poco de apoyo moral? Ellas no eran faanáticas como yo, podría jurar que nisiquiera sabían que el nombre del grupo fue inspirado por una botella de vodka. Sobra decir que las abrí y las mandé a un hotel muy lejos del verdadero.
Dejando atrás el remordimiento por estafar a las chamacas me dirigí al hotel, oyendo en el carro esa rola de ellos, que era bastante famosa por esos días.
La situación para entrar fue más complicada de lo que hubiera imaginado, al menos para acceder al piso 18 donde la banda se encontraba. A tan solo diez metros veía al representante haciendo una llamda telefónica, sabía que era él por su cabello inconfundible, era famoso entre los verdaderos seguidores del grupo pues sabíamos que gran parte del éxito de sus representados se debía a su visión de los negocios, creo que hasta había tenido alguna participación en la política tiempo atrás. Junto a él 5 guaruras, de esos que dan miedo y no sabes si te van a matar o a violar, pero de la banda nada. En ese momento me rendí, y a la vez me arrepentí de no haber cargado con las pubertas para que esa noche aprendieran lo que era ser un gruppy, o en el mejor de los casos para que sus hormonas aún cargadas con un toque de infancia sedujeran el olfato del vocalista atrayéndolo hacia nosotras, ya saben algo así como Garfield y la lasagna.
LLamé el asensor cabizbaja, dispuesta a olvidar que siquiera tuve una idea tan descabellada, era obvio que ninguno de los miembros de mi banda favorita de todos los tiempos andaría paseandose por los pasillos del hotel como si tal cosa, lejos de cualquier tipo de seguridad. Fue entonces cuando se abrieron las puertas del elevador, y ante mi se materializaba lo que antes era sólo un sueño etéreo. Él estaba ahí, mi favorito. Sus inolvidables ojos, vistos en tantas revistas, memorizados a fuerza de observarlos, me miraban en ese momento. Todo se borró de mi mente y conocí qué es ser feliz.
-¿Te pasa algo?- ... mi respuesta fue un silencio absoluto, quería expresar mil cosas, pero no podía articular palabra, sentía que sin hablar decía todo, pero él no podía entenderme, como si el idioma de un alma muda le resultara incomprensible... como en babel .
No sé si adivinó qué hacía ahí, pero después de verme por unos segundos siguió el camino hacia su habitación, eso sin dejar de voltear hacia atrás.