Es cagadísimo, ayer hablamos dos horas por teléfono, a las inconvenientes tres de la mañana. He de aceptar que al principio de la conversación estaba algo emocionada, igual y soltabas la sopa como la última vez; pero tan sólo terminamos hablando de pendejadas de tu vida, de tu pasado y de otras tantas cosas que en un plan de amigos que tan sólo esperan amistad están muy bien; pero que cuando quieres escuchar una confesión de amor únicamente servirían de preámbulo para el momento clave en que digas lo que se quiere escuchar.
Esa llamada telefónica me dejó dos grandes conclusiones: 1.- soy demasiado educada como para colgar cuando ya me aburrí y mi interlocutor aún quiere hablar , y la más importante: no me gustas ni tantito.
No es que hables pura mierda , ni nada por el estilo, simplemente que mientras más te conozco, pues... más te conozco. La idea mental que me había hecho de ti se desvaneció y el trato constante la ha nutrido de detalles que bien puedo soslayar o más bien repudiar en una relación.
Nuestra química telefónica pues... no es por ofenderte pero he tenido mejores. En pocas palabras me alegro de ser tan tu amiga como para sólo querer ser eso. Como diría doña Lucerito en unas de sus canciones: “ya no, lo siento tu hora pasó...”
Esa llamada telefónica me dejó dos grandes conclusiones: 1.- soy demasiado educada como para colgar cuando ya me aburrí y mi interlocutor aún quiere hablar , y la más importante: no me gustas ni tantito.
No es que hables pura mierda , ni nada por el estilo, simplemente que mientras más te conozco, pues... más te conozco. La idea mental que me había hecho de ti se desvaneció y el trato constante la ha nutrido de detalles que bien puedo soslayar o más bien repudiar en una relación.
Nuestra química telefónica pues... no es por ofenderte pero he tenido mejores. En pocas palabras me alegro de ser tan tu amiga como para sólo querer ser eso. Como diría doña Lucerito en unas de sus canciones: “ya no, lo siento tu hora pasó...”
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