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12/25/2008

El hombre que nunca existió

Él no existió, ni su cuerpo, ni su cara, ni su voz. Por eso su nombre no hallo en la memoria, ni tengo una imagen física con que asociarlo. Él no existió, ni sus cartas, ni sus llamadas, ni su número de teléfono, por eso no encuentro sus datos en mi agenda, ni su presencia en mi caja de objetos para no olvidar. Él no existió, ni su caligrafía, ni sus dibujos; es más ¿si hubiera existido le habría gustado dibujar? no hay modo de saberlo, se puede especular, pero como él no existió nunca se sabrá.
Y aunque no existió derrepente me topo con alguna cosa suya, que no me consta que sea suya, simplemente es una cosa extraña a mi alrededor, que como no es mía supongo que no puede ser de nadie más que de él. Creo que de ahí se que tal vez si hubiera existido le habría gustado dibujar, porque un día me encontré un plumón en mi escritorio y yo no lo compré. También las hojas de papel se me aparecen por ahí, pero de papel raro, papel caro, con textura... papel que como el plumón yo tampoco compraría.
Pero él no existió porque en mí no hay nada de él, ni un instante fugaz en la memoria, ni una sílaba de palabras dichas por él. Cuando cierro los ojos pensando en su existencia no aparece el mínimo destello de su presencia, por eso creo que nunca vivió, que nunca nació, que nunca pisó mi casa ni tocó mis muebles, nunca durmió en mi cama, nunca.
Ayer encontré un par de boletos de autobús usados en uno de mis cajones, un par de boletos de autobús que iban a un lugar al que nunca he ido yo. ¿Cómo se explica eso? ¿quién fue a ese lugar? lo repito: yo no. Cuando vuelvo a ese día (el marcado en los boletos que nunca usé) recuerdo claramente que terminé de leer un libro de Paul Auster y hasta que comí un guiso con papas, eso sí que lo tengo muy claro; pero por supuesto que no recuerdo haber subido a un autobús con ese hombre que no existió, porque si lo recordase... él existiría, pero como no lo recuerdo él no existió. Lo peor del hallazgo de los boletos fue encontrar junto a ellos una postal de ese lugar al que nunca fui, con nada escrito al reverso, nada que bien pudo haber sido algo escrito con un plumón parecido al que nunca compré y hallé en mi escritorio, sí, algo pudo haberse dicho con letras escritas con el plumón existente del hombre que nunca existió.
Pese a las vagas evidencias de sus días en mi vida, que claro está nunca pasaron, cuando pienso con detenimiento en ellas me convenzo nuevamente de que él nunca existió, aún si tengo música en mi computadora que nunca he escuchado y por supuesto jamás puse ahí, él tampoco la puso porque jamás existió... no puede ser, de verdad que no.

11/02/2008

Contradicción

Qué triste y que feliz saber que eres feliz

12/25/2007

¿Qué te compro corazón?

A ti que lo tienes todo...
a ti que nada te falta.

11/22/2007

GET IN

... just once