El día que me di cuenta de que mi brazo izquierdo me estorbaba recordé que había dejado mochila en el salón 804. Mientras caminaba hacía allá, noté que esa parte de mi cuerpo realmente no servía para nada. Por lo general apoyaba la mochila en el hombro izquierdo, así que sin su peso me resultó bastante estúpido traer esa tira de carne colgando de puro adorno. Me sentía muy incómoda al percibir su aparente inmovilidad. Ese día llevaba puesta una chaqueta sin bolsillos, así que no podía ocultarlo parcialmente de mi vista para ponerme a pensar alguna otra insensatez... brazo estorboso, brazo estorboso, brazo estorbosísimo!!!! Pero que no se piense que soy una loca; yo se que existen miles de motivos por los que una persona debe estar complacida de poseer un brazo izquierdo... simplemente en ese momento no se me ocurría ninguno.
Mientras más me adentraba en ese pensamiento, más lógico me parecía. Miraba a la gente que se me cruzaba en los pasillos y de alguna manera sentía su muda aprobación respecto a mi idea. Un brazo izquierdo no sirve... es un lastre... un kilo de carne que se balancea casi imperceptiblemente a tu lado; un compañero no querido, una sombra, un espía... un... un... un... y entonces sonó mi teléfono.
Contesté con la mano derecha como para apoyar mi premisa de la inutilidad izquierda. Era Claudia y de nuevo se sentía triste. Colgamos justo cuando me hallaba a las puertas del salón 804. Busqué mi mochila por todos lados pero alguien se la había llevado. Estaba yo tan atontada con mis ideas que no me importó mucho la pérdida; después de todo alguien que no necesita un brazo izquierdo mucho menos necesita una mochila.
Llegué a casa de Claudia en taxi. Siempre viajaba en camión cuando iba a verla, pero no quería sentir mi brazo izquierdo moverse inútilmente con el zarandeo del vehículo. A la par de que el taxímetro iba aumentando las convinaciones numéricas, la repugnancia por mi brazo izquierdo iba haciéndose mayor. Sentirlo parte de mí estaba produciendo nauseas en mi interior. Lo imaginaba lleno de gusanos, deborándolo por adentro, gusanos blancos, bizcosos, que se comían mi carne y fundían su baba asquerosa con mi sangre, con mi cerebro. Me dieron unas tremendas ganas de vomitar... casi no podía aguantar la sensación: gusanos, brazo.... izquierdo... cerebro, putrefacción, gusanos, putrefacción en mi brazo izqqqqqq, cerebrrrrring riiiiiiing rriiiiing, riiiiiiiiing:
-Sí Clau... ya voy.... espérame.
Llegué a la entrada de su casa. Me disponía a tocar el timbre como siempre, pero decidí intentarlo con el brazo izquierdo: debía servir para algo... para lo que fuera. Ordené a mi cerebro que ordenara a mi brazo que se levantara , y éste no obedeció. El brazo izquierdo ya no formaba parte de mí. Ya no era MI brazo, ahora era simplemente EL brazo. La angustia me llegó hasta la garganta, sentía como si estuviera encerrada en un closet con el más cruel asesino. No había manera de escapar... el brazo estaba junto a mí, me sentía, me llenaba de su pestilenta presencia, de su perfume enemigo, de sus podredumbre. El brazo comenzó a pesarme, comenzó a hacerse como un ladrillo; el brazo izquierdo se volvió duro, un poco azul, un poco morado... y Claudia se asomó a la calle.
Claudia era una persona depresiva, casi siempre estaba triste y faltaba mucho a clases. Conocí a Claudia en días mejores; cuando los niños no decían groserías, la coca cola se vendía sólo en botella de vidrio y los brazos de la gente no se volvían en contra de ellos. La razón de su tristeza era la vida. Nunca entendí bien cuando me lo explicaba, tal vez porque siempre esperaba ansiosa a que terminara sus razonamientos para poder comenzar a darle mis consejos. Esa tarde traía los ojos desorbitados, adiviné rápidamente que se había dado un pasón poco antes. Inmediatamente me pregunté con qué brazo lo habría hecho, pero desvié el pensamiento porque El brazo izquierdo comenzaba a palpitarme tan fuerte que me esperanzó la idea de que fuera a autodestruirse.
Claudia lloró como cada vez que lloraba: mucho y hablando. Cuando se calmó un poco, el brazo izquierdo ya era color negro y pesaba como una tonelada. En un principio lo apoyé en el sillón de la sala para que no me doliera como la muerte; pero más tarde se me ocurrió que si lo dejaba colgando libremente terminaría por desprenderse de mí. El dolor me impedía seguir con el hilo de mis ideas así que tuve que refugiarme en las palabras que decía Claudia. Noté de esa manera que estaba mucho más drogada de lo que hubiera imaginado. Balbuceaba frasecitas sin conexión entre sí, y finalmente dijo algo que me sonó como a "cortar".
Fue difícil convencerla de que se deshiciera del brazo izquierdo. Le insistí un millón de veces argumentando cosas de gusanos, putrefacción, color negro, ladrillos, toneladas...Tal vez por evadir sus propios pensamientos finalmente se convención de que un brazo izquierdo tiene que ser en efecto siniestro, así que después de un rato, cuando creía yo que estar amarrada a ese trozo maldito de carne iba a terminar por matarme... accedió.
Sentí un alivio inmediato cuando lo ví caer en el piso de la cocina. Claudia vomitó junto a él pero eso no afectó mi alegría. Mientras oía el llanto arrepentido de ella como una linda canción de fondo, agarré el pedazo con el único brazo que me quedaba y lo metí en el horno de microondas. Ocho minutos cuatro segundos... tres segundos, dos segundos... y depronto reconocí el olor de mi carne chamuzcándose... había cometido un grave error.
Me dieron ganas de gritar, de llorar, de jalarme los cabellos hasta arrancármelos... pero cuando le ordene a mi cerebro que ordenara a mi brazo que llegara a mi cabeza, MI brazo derecho había pasado a ser sólo EL brazo derecho.
3/24/2007
3/09/2007
todo es publicidad
En clase hoy alguien citó a ARDEN... y yo pensé: "ah chinga... que bien que bien". que todo es publicidad según él; porque la gente vende su imagen al exterior, haces promoción a tu persona... y entonces pensé: "ah chinga... que mal, que mal".
Cuando al hombre se le acaban las palabras comienza la debacle de la idea. Inventen nuevas maneras de describir el mundo; póngale un apellido a su visión, porque si no todo es publicidad y nada es publicidad, todo es kitsch y el mal arte ya no es tan importante.
No armemos desórdenes: supercalifragilisticoespidoalidoso... eso es lo que hay que hacer cuando no hay manera de decir lo que crees que hay que decir: inventar una forma que clarifique el panorama.
AMÉN JESUS... CHRIST
Cuando al hombre se le acaban las palabras comienza la debacle de la idea. Inventen nuevas maneras de describir el mundo; póngale un apellido a su visión, porque si no todo es publicidad y nada es publicidad, todo es kitsch y el mal arte ya no es tan importante.
No armemos desórdenes: supercalifragilisticoespidoalidoso... eso es lo que hay que hacer cuando no hay manera de decir lo que crees que hay que decir: inventar una forma que clarifique el panorama.
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la escuela sirve para...
altiva sonrisa...
Dos... y tres,
o sólo una vez.
¿sabes? lo sabes.
Negro y blanco
un no eres...
y miradas.
Libro amarillo,
coincidencias habladas
y nada.
¡nada?
vaya vaya
tal vez después
dos... y tres,
o sólo una vez.
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¿sabes? lo sabes.
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non sense nocturno
3/06/2007
Porque quieres, porque puedes, porque lo sostienes
Te puedes dar el lujo de explotar tu casa contigo dentro si después no sales con que te duelen las quemaduras. La proactividad según una clase de organizacional es justamente tomar responsabilidad de los propios actos y la propia vida.
Te puedes dar el lujo de matar a todos en el planeta si después no sales con que te sientes solo.
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