Le pregunté a Ignacio que de qué se le ocurría que podía tratar una página de internet que se llamara laverdad.com. Puso su cara de gran pensador como tres segundos e hizo su ademán de sabiduría: “una página de filosofía obviamente… aunque pensándolo bien una de noticias, porque la gente tiene pedos…”
Yo se lo pregunté para dejar de pensar que mi existencioa carecía de compañías interesantes e inteligentes… pero me dí cuenta que el problema era yo, porque aunque él estaba muy mono con su actitud contemplativa, casi un arquetipo de iluminación, yo sólo podía verme los pies recriminándome las uñas demasiado largas… vaya ser humano, chingada madre!
Más tarde manejabaa el coche a la hora que Claudia Canto tiene su programa en 2704 de am… estaba hablando de la menstruación por vez 800 y me pareció interesante por primera ocasión. Siempre la oía, y siempre platicaba de cosas estúpidas con otras personajas radiofónicas… pero en ese momento comprendí que haberla ecuchado 1064 veces antes sólo era parte del camino para llegar a ese instante de revelación.
La menstruación es interesante… claro que lo es, porque rige muchos comportamientos femeninos inexplicables. En el interior de una mujer está ocurriendo una tortura, un martirio “sangriento” que nadie atina a compadecer… Pinche Claudia Canto, me abriste los ojos a la realidad de mis problemas.
Ví a Nacho un poco más tarde esa tarde y consideré que no era necesario hacerle alguna otra pregunta boba… bueno, tal vez una: ¿qué es una menstruación emocional? Él tenía algo de sueño, pero una pregunta de esas no se deja pasar con facilidad si eres Ignacio Vela Vargas. Nacho nunca preguntaba de dónde se me ocurrían esos cuestionamientos, por eso siempre pensé que sería un pésimo psicólogo si lo intentara, pero él estudiaba letras… según, y para un letrado la pregunta tal vez sea más importante que el orígen de la misma… o al revés, qué se yo.
“Una menstruación emocional es la pérdida de sangre emocional, producida por el desprendimiento del endometrio emocional, porque no se dio una fecundación emocional… y en la fecundación emocional está el meollo… es como que te falta tu complemento ¿sabes? Es estar partido en el sentido de la pasión visceral: y sangras, y te duele, y se desperdicia un cacho de inspiración, así como brillo que se esfuma…”
Y lo expresó tan bonito que se me olvidó qué habría contestado yo… Pinche Nacho Vela, te la bañaste.
Platicamos de otras boberías varias hasta que llegó su novia por él, y como no nos caemos cada quien se fue para su destino… y ellos con el carro porque no era mío. No pude evitar ver que la Mafer traía unos tennis muy parecidos a los que yo traía, así que en el camino a ninguna parte iba pensando en si ella y yo tendríamos algo más en común que los zapatos. Así sin analizar demasiado en la lista pondría: 1.- Nacho, 2.- Tennis anaranjados. Aunque ella le decía quesito a ese wey… y yo ni borracha le diría así, es que esa Mafer se pasaba de estúpida… llegué a la conclusión de que le decía quesito, porque un nacho solo no es tan chido como una nacho con “quesito”… ña. Vaya alguien a saber la verdad. Nunca entendí por qué el Ignacio dejaba que le dijera así en frente de otras personas, pero supongo que como todo le vale madres eso también. Y con respecto a los tennis podía ser una cosa de que hace como seis meses el naranja hubiera estado de moda.
Minutos después caminaba sobre Illinois para llegar a mi casa y no se por qué se me vino a la mente que la Mafer y yo teníamos mucho más en común que los tennis naranja… me pasé de mensa… ¡pues la menstruación también!
No podría explicarlo, pero en ese momento sentí como si María Fernanda se apellidara Ruelas, o sea, que fuera mi hermana… y es más, mi hermana gemela. Sentí una gran conexión por el hecho de ser ambas mujeres, ambas menstruadoras, ambas presas de un martirio aparentemente inexistente…
Pobrecita de Mafer, tanto que le hacía caras yo y resulta que era como sangre de mi sangre. Podía apostar que en ese preciso momento padecía su mestruación también, y que igual que yo creía en esos días que carecía de compañías interesantes e inteligentes… ¿pero cómo saberlo a ciencia cierta…?
No apareció otro remedio en mi cabeza más que llamarle a Nacho… y preguntarle.
-Sí, bueno… este, oye Nacho ¿Sigues con Mafer…?
-Sí, pero pues al rato te veo, te hablo como a las 9
-Está chido, oye, ¿y no sabes si está menstruando?
-¿quién está menstruando?
-No wey, que si no sabes si la Mafer está menstruando
-¿Emocionalmente o de verdad?
-De verdad, lo otro son mamadas… - y que nos reímos-
A lo lejos oí a Mafer preguntándole que con quien hablaba, y qué quién menstruaba y no se que tantas otras cosas muy acordes a su falta de buen humor. Al final le colgué a Nacho convencida de que ese era el estado natural de su novia y que probablemente no estaba menstruando y era casi seguro que no tuvieramos nada en común, ni siquiera los tennis naranja porque apostaría a que se los prestó una prima. Y esa supuesta sensación compartida del no interesante, no inteligente tal vez sí tenía que ver algo con la menstruación, pero seguro sólo con la mía.