11/21/2013

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Hace unos meses, uno de mis compañeros de trabajo con los que me gusta grillear se acercó a “mi lugar”, para decirme que Raúl Salinas de Gortari acababa de ser nombrado Secretario de Seguridad, Comisionado anticorrupción o Coordinador del Pacto por México... no recuerdo la verdad. La noticia era inverosímil, ridícula, remotamente probable; pero generó suficiente alarma en mi colega como para distraerlo de sus responsabilidades y hacer que fuera a compartirla conmigo.

 “Lo acabo de ver en Facebook”, citó su fuente. Con eso me bastó para saber que la información era una pendejada, aunque honestamente no sé si más bien fue mi conocimiento bá- si-co de la política mexicana.

Sobra decir que la noticia esa de Facebook era una falsedad, pero fue tomada por cierta por el simple hecho de haber sido compartida en el muro de alguien. ¡Por supuesto que entramos al link para ver de qué se trataba esa estupidez! Era una nota de una página “noticiosa” sin ninguna credencial que fue publicada el 28 de diciembre de 2012... 28 de diciembre de 2012: día de los inocentes de 2012. Ah, claro, era una broma. Una broma del día de los inocentes del 2012. Pero mi colega la leyó en junio de 2013. Y -peor aún- la creyó en junio de 2013.

Me caga el uso que la gente le da a Facebook; pero no ese sencillo, simplón y sin pretensiones que consiste en compartir fotos chistosas, muchas ingeniosas, de idioteces cotidianas. La risa es saludable, positiva, benéfica para el humano, ¡qué bueno que Facebook nos haga reír! Eso no le hace daño a nadie. Lo que detesto es la otra función que bastantes personas le dan a la red social: esa de “informarse” en medio párrafo sobre los temas de actualidad nacionales e internacionales, creyendo, interpretando y opinando sobre ellos sin siquiera darle clic al link que acompaña las noticias.

Sirva esta anécdota para justificar mi odio por los opinadores políticos que abundan en el entorno facebookero. Se leerá antidemocrático, pero la verdad estoy convencida de que cuando uno no sabe de cierto tema es mejor que se quede callado. En lo personal temo dar una opinión sobre asuntos que desconozco, le tengo suficiente respeto a los que realmente tienen algo sensato que aportar como para interrumpirlos con mis palabras ignorantes.

En días como el que refiero me invade una nostalgia extraña por aquella época cuando las personas tenían más respeto por las palabras que salían de su boca y eran conscientes de su irrelevancia en la vida. Ahora todos se creen suficientemente inteligentes como para propagar sus pensamientos “profundos” y “críticos”. Para mi eso es tan imbécil como leer en el “Face” que Raúl Salinas de Gortari es el nuevo Secretario de Gobernación. Creo que hasta más.