Yo rompí la semi luna del tocador de mi cuarto hace semana y cachito, si me lees ya lo sabías y si no pues ahí te aviso. Realmente me causaba un extraño malestar ver el hueco en la pared que antes ocupaba el espejote; así que acudí a la señora María, mi mamá, y le dije que me lo mandara arreglar lo antes posible con uno de sus múltiples conocidos reparadores de desperfectos, que en gringo se diría handymen y en buen mexicano "mil usos". Estos hombres son el plomero/plomero, el plomero no plomero que le hace a la plomería pero que en sí es carpintero, y el cerrajero/electricista/pintor. Para esta particular tarea se contrató a uno nuevo de estos virtuosos de los arreglos hogareños: el espejero/carpintero. Además de reparar la semi luna se le encomendó la tarea de fijarla a la pared de modo que nunca jamás volviera a caerse.
El hombre llegó con un aire profesional a mi casa, cargando su taladro y otras herramientas. Inclusive le hice una bromita acerca de la mala suerte de cuando rompí el espejo, porque el "maestro" me resultó simpático. Para fijar la semi luna tenía que poner un par de taquetes cuyos tornillos sugetarían dos argollas al reverso del espejo, que estaban dispuestas a alturas distintas; unos 15 cm de diferencia entre una y otra. Le dije al "maestro" dónde estaba el enchufe para que conectara su magnífico taladro y mientras yo leía un poco sentada sobre la cama escuchaba el sonido de su trabajo.
Tras un par de minutos el maestro me pidió un trapito para no ensuciar, se lo dí, y en ese momento pensé que probablemente me pediría un lápiz para hacer algunas marcas en la pared que le sirvieran de guía... lo cual nunca ocurrió.
El punto de todo esto es que el hombre terminó haciendo seis hoyos en la pared porque el pinche espejo siempre quedaba chueco, y pese a los primeros dos fallos hasta el cuarto fue que me dijo si no tenía un lapicito para marcar el lugar de los hoyos. Aún con esa herramienta el espejo volvió a quedar chueco y ya el "maestro" mejor me dijo que el lunes regresaba a resanarme la pared de tanto hueco idiota y a fijar el espejo en su correcto lugar.
Este señor pensando que su ojo de buen cubero sería suficiente terminó haciendo de una labor sencilla una tarea inconclusa y además desastrosa. Ya me lo decía mi mamá "El flojo y el mezquino andan dos veces el camino"
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1/17/2009
1/03/2009
"Con la vara que mides serás medido"
Eso de juzgar es peligroso, porque las palabras aunque volátiles pueden hacer eco. En una de esas tus juicios se te regresan como un búmerang y te dan en la cara. Con la fuerza que gritas se te contestará. ¿Quién es alguien en el mundo para hablar de otro alguien?
Hay que comprender; no debes juzgar porque juzgar es divino y errar es humano.
¿Quién no se ha equivocado alguna vez?
Hay que comprender; no debes juzgar porque juzgar es divino y errar es humano.
¿Quién no se ha equivocado alguna vez?
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pueblo sabio
12/05/2008
Amor y gelatinas...
Ya sabemos que unas cuajan y otras no y a veces no hay buenas razones para ello; pero ya bien honestamente a veces la gelatina nomás no quiere cuajar y uno se empeña en que sí lo haga. La gelatina está bien aguada, casi agüita y uno a fuerza quiere que cuaje, porque si cuajara uno cree que el sabor será buenísimo, como el de ninguna otra gelatina... porque si uno no creyera eso tan fácil como vaciar el molde y hacer otra ¿no? Pero esa pinche gelatina idealizada no quiere cuajar... entonces te pones a pensar en las razones de esto: una puede ser que aún le falte tiempo a la mezcla, porque las gelatinas no cuajan de un segundo a otro, tal vez sólo es necesario esperar con paciencia; o puede ser que no endurece el asunto porque no se le está poniendo suficiente grenetina, entonces uno dice "bueno, para que cuaje hay que echarle más grenetina, toda la grenetina que pueda". Si aún así no cuaja el asunto uno debe darse cuenta de que es hora de resignarse a que esa gelatina no va a dar de sí, tal vez porque la mezcla no es buena y punto, o sencillamente porque en esto de las gelatinas unas cuajan y otras no...
11/29/2008
La caja de pandora
A nosotros los chismosos nos pasan muchas cosas, unas que se sienten bien, otras que se sienten mal, unas chistosas, otras no tanto... porque ese afán de estarse enterando de lo que uno tal vez no debería saber llega a causar tanto satisfacción como extrañas decepciones. Esto último porque hay verdades que excitan el cerebro, lo hacen desparramar químicos placenteros... como cuando te enteras de que un alguien tiene sus "deals" con otro alguien, y tu conoces bien a esos dos alguiens (y ninguno te gusta).El caso opuesto es cuando la verdad que se te presenta tiene su aire macabro, o sea que es de esas verdades que bien merecen morir enterradas en la ignorancia; pero uno que es chismosos anda indagando aún si le advierten que mejor no sea tan preguntón; el resultado es que luego esa información fue como haber abierto la caja de Pandora, pues una revelación en ocasiones hace que un cerebro de esos locos (como casi todos) comience a darle vuelo a pensamientos tortuosos.
"Chisme averiguado, jamás es acabado"
"Chisme averiguado, jamás es acabado"
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torturas para uno y los otros
11/27/2008
Como le va en la feria
"Todo mundo habla como le va en la feria" o algo así. Significa que cada quién ve las cosas según su experiencia personal asociada a ellas.
Creo que a lo largo de la vida lo hemos comprobado, porque si bien hay experiencias generales que la gran mayoría de los humanos compartimos, también hay otras tantas cuya gama de percepciones se vuelven infinitas. Un ejemplo que se me ocurre ahora es el de un amigo lasallista que no guarda ningún amor ni sentido de pertenencia hacia su Alma Mater. En cambio yo, pese a haber estado menos tiempo en esa escuela, siento un apego muy lindo hacia la Universidad y me gusta ir de vez en cuando para recordar los buenos tiempos.
Lo interesante de la frase, más allá de su sentido verdadero, es de dónde salió eso de la feria; en lo personal no me imagino que a alguien pueda irle mal en una feria, pero tal vez lo pienso porque a mí siempre me ha ido bien en la feria.
Creo que a lo largo de la vida lo hemos comprobado, porque si bien hay experiencias generales que la gran mayoría de los humanos compartimos, también hay otras tantas cuya gama de percepciones se vuelven infinitas. Un ejemplo que se me ocurre ahora es el de un amigo lasallista que no guarda ningún amor ni sentido de pertenencia hacia su Alma Mater. En cambio yo, pese a haber estado menos tiempo en esa escuela, siento un apego muy lindo hacia la Universidad y me gusta ir de vez en cuando para recordar los buenos tiempos.
Lo interesante de la frase, más allá de su sentido verdadero, es de dónde salió eso de la feria; en lo personal no me imagino que a alguien pueda irle mal en una feria, pero tal vez lo pienso porque a mí siempre me ha ido bien en la feria.
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