Ayer fue una interesante clase de sensibilización. Comenzamos por comentar esa película tan peculiar... todos pensamos más o menos lo mismo respecto a ella, transmitía mucho con tan sólo mover la cámara muy lentamente y eso de los pollos nos dolió de algún modo.
Como imaginé minutos después de que la discusión comenzara, terminamos hablando de lo asquerosa que es la humanidad y que ya nadie encuentra un sentido de vida más allá del económico. A esas alturas ya tenía muchísima hueva, porque justo al abordar el tema del capitalismo, los mismos gueyes de siempre comenzaron a abrir la boca y a escupir su muy característico idealismo barato... casi todo el grupo concordaba con ellos y eso sí que daba risa, deveras quería decir algo, pero algo que les callara la boca para que pusieran los pies sobre la tierra... es decir , se quejan de que hay gente que no tiene que comer pero traen ropa de marca y van en La Salle. Hasta pareció que él me leyó la mente cuando alzó la mano y dijo, de un modo nada escandaloso lo mismo que estaba pensando. Luego Juan intervino y casi casi nos llamó taimados: "parece que tan sólo dicen lo que queremos escuchar", hubo caras de desencanto, que podían traducirse en frases como: "¿porqué impides que creamos que haremos la diferencia y que somos muy inteligentes y buenas personas Juan? ".
Cuando el maestro se involucró con su casi siempre agresivo y regañón modo de hacerlo(que en realidad me gusta ), la sangre volvió a correr por mis venas, mis oidos volvieron a escuchar con atención y desistí de hacer la caricatura de Estrella. Realmente tenía razón, hablábamos mucho pero era obvio que si se nos presentara la oportunidad de cambiar ese mundo que llamábamos asqueroso, difícilmente lo haríamos yaa que nos gusta nuestra vida tal cual es, y nos vale que la gente se muera de hambre, al fin que ni los vemos.
Por otro lado y sin cambiar de tema su historia sufi me gustó, iba más o menos así, sólo que el la contó de un modo que no se puede repetir con palabras escritas: Era una vez un par de sepultureros, platicaban de cualquier cosa mientras se disponían a enterrar un cadáver. Cuando estaban a ´punto de cumplir su cometido el hombre que yacía "muerto" a sus pies se levantó y les dijo que no estaba muerto. Los sepultureros totalmente confundidos se miraron entre sí y tras pensarlo unos segundos contestaron al "cadáver" que lo iban a enterrar porque los expertos les habían dicho que estaba muerto y pues los expertos... por algo lo son. Así que enterraron al hombre como si nada. Entonces el maestro (osea Juan) preguntó: ¿quiénes son ustedes en el mundo: el muerto o los sepultureros?.
Yo le voy a contestar : Somos unos sepultureros que antes del día de "esa resurección", toda la vida habíamos pensado que si un muerto se levantara de la tumba, no habría un proceder más ilógico que seguir echándole tierra.
Por eso casi todo el idealismo perece cuando la oportunidad de hacerlo práctico aparece.
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