Hace algún tiempo conocí a alguien que siempre que se enojaba no decía una sola palabra, podías andar a su lado, caminar ml millones de cuadras, contemplar la misma cosa impactante pero no abría la boca hasta que se le pasara la rabia. Como odiaba eso.
Se que la frase esa que reza: te arrepientes más de hablar que de callar, respalda de alguna manera la actitud de esta persona, pero para mí esa idea, aunque veráz en cuanto a la cuestión del arrepentimiento, te priva de momentos importantes.
Casi nunca me quedo con ganas de decir algo que considero relevante, sobre todo a alguna persona een particular a la que me interese decírselo.
He dicho muchas cosas malas, pero ahora pienso que si me hubiese reprimido en algunas de ellas mi vida sería diferente pero para mal. Tal vez todo esto hace que me caguen los hombres que hablan poco, que se guardan lo que sienten.
Callar en el momento justo, eso sí que es dejar que la vida pase, y a la vez es muy difícil, porque ante un enojo grande o una emoción desmedida el reprimir las palabras se me antoja como tapar un volcán en erupción.
Pese a todo lo que pueda haber escrito, debo confesar que a veces me lo callo, lo que tal vez no debería, como todos. A veces también hablo de más, igual que tú. Eso pasa, y el momento así se va, el de decirlo o no decirlo.Yo sí me arrepiento más de haber callado, porque aunque sea en voz baja hay cosas que deben ser dichas, sí, aunque sea muy bajito.
1/03/2006
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