1/03/2006

el cuadro

Me perdí en la pintura que está frente al escritorio donde todos los días atiendo la contabilidad. Aparece un hombre montando un cabello, el tipo es como de la revolución, con su bigote negro, espeso y peinado al estilo de don Emiliano Zapata. La verdad se ve feo, a mi no me gustan así los hombres, en cambio el caballo sobre el que reposa me recuerda algo a Francia. Obviamente no porque sea azul y rojo, eso me recordaría a las chivas, sino porque denota una blanca elegancia, que sólo un corcel procedente de un país como ese podría poseer.

Todos los días veo ese cuadro, y cada uno de ellos le noto algo distinto, por ejemplo ayer me percaté de que una de las patas traseras del caballo, la que se supone está más lejos, se pierde en la espesura de un bosque color ocre. El pintor símplemente dio la idea de que ahí debía haber una pata y en mi mente está tras el pasto. Es gracioso como un montón de pintura recrea imágenes en la mente que van más allá de lo que puedes mirar en realidad.

Viendo tanto el cuadro frente a mi escritorio me he dado cuenta de que me ahora me gustan mucho los caballos, tanto que si llego a hacerme de un dinero puede que compre uno parecido al del cuadro, aún así tenga que viajar a Francia por él. Jaja, es gracioso que ya doy por hecho que en efecto se trata de un animal francés. Ahora que lo pienso es absurdo creer que su belleza atienda a lo extrangero, hasta parece que no he aprendido nada de eso que tanto dicen de la discriminación, ahora resulta que mi racismo se nota hasta en los caballos, vaya tontería. Aún así lo voy a comprar igual al del cuadro, y además voy a viajar a Francia con razón o sin razón.

Tengo muchos informes que entregar y parece que me he atrasado en el trabajo, pero es que esa pintura resulta hipnotizante, a veces siento que contiene tanta sentimiento y expresividad que debió haber sido inspirada por una escena de la vida real, vista por el artista, y que le conmovió tanto que no pudo dejar de plasmarla en un lienzo, que ahora descansa enfrente de mi escritorio, y que emana tanta emoción que no me deja trabajar sin voltear a verlo de vez en vez.

Ya sé por qué no me gusta el hombre que monta a mi caballo blanco, su expresión es como de asco y maldad, jamás podría mirar a un hombre que transitara por la vida con una cara así. El del cuadro no es feo de rasgos, pero su gesto, maldito gesto irritante, ahora que lo veo detenidamente se parece un poco a mi jefe cuando se enoja. Tal vez es el retrato de algún antepasado del señor Bonequi, sí, casi podría asegurarlo.

Mi rendimiento en el trabajo no ha sido bueno, pero cómo no distraerme y hacer los cálculos mal si tengo una obra de arte frente a mi todo el tiempo, siento que sería una falta de respeto a la bellezamisma ignorar la bendita pintura y hacerle más caso a un monitor sin chiste. MMM, es algo gracioso imaginar que al hombre que sale en el cuadro, pensando en la época de la que era, le resultaría infinitamente más interesante contemplar el monitor de mi computadora que un retrato mio en la pared.

Ayer el señor Bonequi se enojó mucho conmigo y confirmé por su gesto el parentezco con el señor del cuadro, que deseguro no era un Bonequi sino más bien un López. El chiste es que me hizo una prueba de motivación laboral y en una de las preguntas te pedían que escribieras el motivo de tus disperción durante las horas de trabajo. Me dio mucha risa contestar que todo se debía a un cuadro que hay frente a mi escritorio... ahora van a pensar que estoy loca. Si les dijera que el caballo blanco a veces me giña el ojo no dudarían en despedirme .

Hoy llegué al trabajo y resulta que me cambiaron de escritorio, ahora mi mesa de trabajo da hacia la ventana. No pude resistir la tentación de ir a ver mi cuadro a la hora del almuerzo y resultó que ya no estaba ahí. Me puse un poco trsite, ahora tengo que conformarme con mirar las nubes grises moverse durante varias horas. Podría parecer que ver un cuadro durante varias semanas seguidas es aún más monótono que las nubes desplazándose, pero de algún modo la realidad de la ventana no parece compararse con esa realidad aparente que transmitían mi caballo de tres patas visibles y una imaginaria, ni su gestudo dueño que de seguro le dio el López a la firma de auditores "Bonequi López".

Ya ha pasado algo tiempo desde que mi cuadro no ha sido visto ni por mí ni por nadie. Acaban de ascenderme en cambio por mi buen rendimiento y parece que todo ira en ascenso porque no existe cosa alguna que me distraiga del trabajo. Mañana voy a ir a agradecer al señor Bonequi por el honor, y aunque no se lo diga también porque después de todo no me despidió por la prueba esa que contesté con cosas raras sobre un cuadro distractor jaja.

Resulta que no solo era yo, Entré a la oficina del señor Bonequi después de tocar varias veces sin ser atendida y resulta que lo atrapé contemplando absorto la figura de su antepasado montando al corcel banco, que puedo jurar también creyó que sólo podía ser un caballo francés.

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