1/18/2006

Día de Escuela

Me estaba llendo tan de la verga que ni me dí cuenta que había sido viernes trece. El día empezó de la fregada porque la maestra de cálculo dejó un problema y por andarme distrayendo con las pendejadas de Lucía lo copié mal. Resulta que llego al escritorio creyendo que estaba bien resuelto y la pinche maestra me lo tacha con su sonrisita en la boca, y yo así de: no maestra como crees, revísalo bien, porque yo ya lo revisé y está bien resuelto. Me volvió a ver y ya más mamoncita me dijo que no, que estaba mal resuelto porque ella tenía escrita la respuesta correcta y ni se parecía el resultado. En eso que llega ese hijo de su madre y le enseña el problema a la maestra: miss, mire ya acabé.... Miss, cómo de que miss, puta madre, tienes casi 18 años y esta señora hace más de diez años dejó de ser una miss y sigues hablándole como si te estuviera enseñando las vocales... En fin, el guey este sí tenía bien resuelto el problema y como en la primaria la “miss”, le puso su pinche palomita roja y casi casi un sellito de “sí trabajó”. Luego ese baboso me miró con una cara de lo más altanera mientras se reía, como insinuando que el era mejor que yo y quien sabe que tantas otras cosas que se le venían a la mente.

Regresé a mi banca y deshice el problema 40 veces y jamás me dio el resultado. Ya muy tarde me dí cuenta que había copiado mal un número y me sentí tan pendeja que ya se me había amargado la mañana.

Ya en receso me puse a tirarle caca al sistema educativo para drenar algo de frustración, y de paso a ese estúpido, que por creer que me había ganado al resolver un problema ya pensaba que era Einstein. Ahí fue cuando más me cagó la vida porque pese a ser mis amigas esas pinches viejas se pusieron a defenderlo diciendo que tenía unos ojos poca madre y que pinche guapo y que no se que tantas cosas. Yo no podía tolerar tanta estupidez de parte de mis congéneres así que me fugué del círculo donde las admiradoras del tipo ese parecían estar reunidas.

Iba ya muy encabronada con el día, tanto que no me dí cuenta que el tipo ese que tanto me gustaba andaba por ahí cerca, tan cerca que nos encontramos casi de frente y su sola presencia hizo que se me cayeran los lentes. El muy estúpido iba tan en su pedo que les dio en la madre con el pie y yo me quedé mirando la estructura negra hecha madres en el piso. Tuvo la amabilidad de averiguar de dónde había provenido ese crujir repentino y miró hacia el suelo con una cara de compasión por los “espejuelos muertos”. Sólo atinó a decir : no mames, que de la fregada, y se te veían bonitos... y huyó. En ese preciso instante me dejó de gustar porque mi ira era tanta que lo quise mandar todo a la verga.


Ya de regreso al salón, más pinche harta de esa jornada escolar, me topé con una clase de filosofía soporífera como ni el canal del congreso.
Pasaron más horas de clase y yo mientras tanto soñaba con que acabaran las clases y al fin pudiera despertar de esa pesadilla de día.

Unos diez minutos antes de que acabara el día, por ahí de las tres de la tarde, terminó una clase más de Literatura latinoamericana, con la maldita noticia de que al maestro se le había ocurrido arruinar el descanso de fin de semana con la noticia de un trabajo para el lunes, acerca de romanticismo Mexicano. Lo único que se me ocurrió pensar fue:- me carga... que se completó más tarde con:- la verga, al saber que el trabajo era en equipos de dos y me había tocado con el guey del problema de cálculo.

Al salir del salón ya tenía un plan diseñado, en el que me ofrecía a hacer todo el trabajo sola para librarme de su presencia fastidiosa el fin de semana. Ya iba directamente a encontrarlo para ofrecerle ese buen deal cuando se me adelantó y con una sonrisa enorme como según tenía los pinches ojos me dijo: - oye, que buena onda que nos haya tocado hacer el trabajo juntos. Al no entender la intención de sus palabras respondí:- oye, guey qué te pasa, que no te has dado cuenta de que nos cagamos la madre?... y luego unas cuantas risillas de mi parte para que el guey no supiera si era en serio, si era mentira, si era broma o que pedo.

No le quedó otra que reírse, para que inmediatamente después de su desconcierto me dijera que hiciéramos el trabajo en su casa ese viernes porque si no luego lo íbamos a dejar para el último día y no se que tanta sarta de mamadas. Yo puse pretextos de todo tipo, desde que se me habían roto mis lentes y así no podía leer un carajo, hasta que tenía un compromiso en la noche y otras tantas mentiras; porque si bien me gustan mucho mis lentes, son más bien un accesorio que una necesidad visual, y la otra cosa del compromiso era más que una notoria mentira porque tan cerca de los exámenes semestrales hubiera sido una pendejada hacer planes para algo más que la tarea.

Al final le dije que si porque estuvo chingando alrededor de quince minutos y ya no quería inventar tonterías. Quedamos de vernos en su casa por ahí de las 5: 30, en lo que iba a mi casa a arreglar mi vida con un baño o con una comida de esas que hace mi abuela.

Ya eran como las 4: 45 y antes de salir de mi casa con la misma ropa y la misma hambre que al llegar, se me hizo buena idea estrenar la anforita alcoholera que me regaló Lucía en navidad llenándola con una buena provisión de Vodka de mi cava personal, que constaba de unas 4 tellas de esa bebida, y una y media de tequila para emborracharme oyendo mariachi.

Llegué a su casa a las 5: 30 en punto, como siempre ha sido mi costumbre y se me hizo chido el ambiente de adentro. Era un departamento ordenado, decorado en tonos beige, bastante espacioso. Después de unos segundos mis ojos se clavaron en un sillón rojo que se veía tan cómodo que me dio una hueva tremenda. No teníamos ninguna idea de cómo hacer el trabajo ya que la asignación había salido de la nada, así que eso provocó que me diera más hueva. El guey anfitrión se veía bastante desanimado con respecto al trabajo también, así que tal vez por la flojera y la incomodidad de el momento, que de haber querido yo habría suavizado, sólo se le ocurrió ofrecerme un trago...- pinche Rogelio, ahora hasta me quieres emborrachar.... las risas pertinentes y después de unos 40 minutos ya estábamos chupando como si fuéramos brothers del alma.

No pasó tanto rato y el guey me contaba su vida, su gusto por la música de los 70 y no se que diantres más... yo sólo contemplaba el infinito y me daba risa pensar que en ese momento ya estaba tumbada a mis anchas en ese sillón rojo que se me había antojado tanto. Rogelio... cof...cof... el guey ese, me invitó entonces un cigarro, de esos raros que venden en sanborns y cuestan unos 50 pesos, y después de decirle que nunca me había dado cuenta de que fumara y de aceptar uno de esos que me tendía enfundados en la cajetilla café, me dí cuenta de que me estaba empezando a caer bien: - no mames Rogelio, de haber sabido que fumabas ni me hubieras cagado la madre toda la prepa, es que a mi la gente que fuma me cae de huevos.

Nos emborrachamos bien a gusto, así contándonos la vida propia como 2 veces cada uno, no reparando en que hace unas 8 horas ni nos hablábamos chido pese a haber estado en el mismo salón tres años seguidos. Llegó entonces el momento de las indiscreciones, en que te preguntas que quién te gusta y no sé que más cosas que en circunstancias normales te valen madres. Yo le dije que me gustaba Guillermo del 604, pero poquito, me acuerdo que le dije que poquito. La verdad era que dije ese nombre por decir alguno, ya que en ese instante el buen amigo Rogelio no me parecía del todo feo y empezaba a comprender porqué a mis amigas se les hacía agua la boca al verlo.

El momento de su confesión estaba en puerta, y yo estaba lo suficientemente borracha como para creer que diría mi nombre ahora que le tocara contestar la pregunta de quién le gustaba. Aún así se me hizo raro cuando contesto que Graciela... Ah chinga, yo me llamo Graciela... pero pues hay un chingo de Gracielas. Yo moví la cabeza afirmativamente después de su respuesta como si hubiera dicho que últimamente hacía frío o cualquier otra cosa de esas que se pueden contestar sin abrir la boca.
Me estiré hacia la mesita de centro en busca de mi anforita de vodka, que ya había sido develada como el secreto de la noche, cuando sentí su boca bien cerca de la mía, quien sabe salida de donde. Y que me da un beso el hijo de su puta madre... y con todo que le acababa de decir que me gustaba el Memo.

Al final me valió madres lo demás y nos besamos, así estuvimos un rato incalculable, en el que pensé que tal vez no era que durante tres años me hubiera visto feo y que se hubiera estado burlando de mí, sino que se me quedaba viendo como pendejo y sus risitas eran más bien para congraciarse conmigo... vaya mamadas que salen en las pedas, pensé.

Ya embarcada en mis ideas de ese momento de pronto recordé de un modo muy lejano, casi como si lo hubiera soñado, una tarea del romanticismo no se qué...y ahí fue cuando mis ojos se fijaron en un calendario colocado en la pared que me quedaba de frente y por fin me enteré de la fecha de ese día tan raro.

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