12/21/2008
La angustia
Nunca sabrá por qué, parecía no haber indicios de una catástrofe, todo marchaba como se supone que lo haría en condiciones óptimas, pero de algún modo el presentimiento se hizo presente en forma de dolor de estómago. Casi siempre es así ¿no lo creen? La fuente de la angustia está ubicada cerca del ombligo, a veces más abajo de él, a veces un poco arriba, pero es el territorio de las visceras el lugar favorito de ese vacío angustiante, de esa falta o exceso de aire… ¿cómo decirlo de otro modo? Mi reino por una definición absoluta de la angustia, de los síntomas, de la ubicación, alguna descrpción tan precisa que a todo el que la escuche la angustia le aparezca en el acto, incapaz de rehuír un llamado tan contundente. Como cuando en un parque repleto de niños la madre que busca a su hija le gritara: “Lupita, Lupita! Probablemente habría bastantes de ellas, tal vez todas voltearían, tal vez sólo unas cuantas, pero puede ser que la Lupita que es llamada no haga mucho caso de la voz que reclama su presencia. En cambio si la madre gritase: “Lupita Flores García, sí tú, la niña de cabello castaño, peinada de colitas, piel blanca, vestido rosa con olanes… ven Pitita…” eso sería otra cosa. Lupita entonces tendría que hacer caso e ir con su mamá. Así la angustia no podría fingir que no es angustia si lográsemos describirla con las palabras exactas y precisas que la evocan, que hacen que todo ser angustiado las reconozca y asienta con la cabeza mientras las escucha.
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non sense nocturno
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