Lo volvió a repetir y esta vez sus palabras fueron motivo de alarma para todos. Su madre no sabía que hacer; había comprendido después de tantos pleitos que ella jamás volvería a prestar atención a sus consejos... y en ese momento lo único que deseaba era infundirle ánimos ; pero entendía ya, que la incongruencia no convence ni a un docil, y pretender poblar la vida de su hija de optimismo y amor cuando ella misma nunca había visto su propia existencia de modo positivo, tan sólo recibiría de respuesta una risa burlona...
- Cuando menos reirá unos segundos- pensó a modo de patético consuelo, tan patético como inútil.
Marcela seguía en la cama contemplando la nada, recordando, sin que nadie adivinara, alguna otra contemplación del espacio vacío mucho más grata que aquella. Impasible... así era ya la mujer que en sus buenos momentos sonreía tanto que le dolían las comisuras labiales por tantas contracciones en retahíla.
Su padre no pensaba al respecto, al menos no en voz alta. En su opinión Marcela era una persona tan afortunada que no tenía razón ni mucho menos derecho de adoptar esa actitud flemática e indiferente ante la vida... habráse creído algo semejante...en sus tiempos sí que había motivos para no querer salir de la cama a enfrentar el mundo... pero todos lo hacían porque los pretextos no acarrearían otra cosa que la muerte de inanición. Así que el señor "Y" adopataba en lo maanifiesto una posición displicente hacia la actitud de su hija menor; pero en sus charlas consigo mismo, después del café de la taarde, comenzaron a taladrarle con gran fuerza esas palabras que constantemente repetía Marcela cuando abría la boca por la mañana.
Su hermana Marisa estaba al borde del colapso, como solía decir. No soportaba la idea de que la persona con la que compartía la habitación viviera en un éter inexplicable cada tercer día. Eran ciertamente muy distintas... Marisa era estoica, tranquila, racional. En cambio a su hermana le gustaba padecer cada incidente de un modo lleno de emoción exacerbada. Es que así era Marcela, muy feliz algunos días, muy triste los demás, termino medio: jamás.
Marisaa conocía esa frasecilla que su hermana escupía con regularidad, la primera vez que la escuchó le pareció algo grave; pero con el paso de las repeticiones había perdido casi por completo su impacto inerente, hasta que dos días atrás recuperó su fuerzaa macabra, cuando todos la escucharon de nuevo, sólo que en esa ocasión brotó de unos labios apagados y llenos de genuino dolor y tanta autocompasión lastimosa que la imagen parecía un cuadro contagioso:
- Si vuelvo a despertarme con esta sensación un día más optaré por no volver a despertar.
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