3/03/2008

ventana

Como cada noche fumaba en la ventana de la sala, cuidando que el olor a tabaco no se filtrara al interior de la casa... me puse a pensar en él y en todas las razones por las que pensaba en él y no encontré una respuesta. El cigarro comenzó a molestarme y deidí dejarlo morirse antes de tiempo. Una decisión sencilla, ante el gusto desagradable, una solución inmediata como esa que deseaba tener para todo lo que pasa en mi vida. La angustia empezaba a hacer palpitar mi corazón de un modo extraño, soy muy joven para sufrir taquicardias a media noche. Me sentí vacía en objetivos, no tenía idea de lo que quería en mi vida, desee que todo fuera más fácil de lo que ya era... bueno, de lo que "según ya era. A mi juicio uno hace que su vida se vuelva indescifrable, que el día a día parezca una tortura a veces. Mientras, el cigarro se iba consumiendo con la lentitud normal, haciendose humo y ceniza, pero fuera de mi boca, aunque cerca de mi naríz. Se me hizo muy ocioso seguir ahí, ya eran como las 2 de la mañana y e nuevo la noche no me traía las respuestas, probablemente porque las preguntas nunca eran las adecuadas... la oscuridad no le lee la mente a las personas. Decidí tirar el cigarro sin apagar por la ventana. Un segundo después de hacerlo oí un pequeño grito. Una voz de hombre, un pobre caminante nocturno había sido víctima de la quemadura inocente de un cigarro a medio fumar cuya trayectoria ideal hubiera sido el suelo sin obstáculos. Él tal vez paseaba debajo de mi ventana, a las 2 de la mañana... tan confundido como yo . No indagué más y sentí una poca de lástima por él aunque me reí en silencio de cualquier manera. Tal vez el cigarro quemándolo era la respuesta a alguna pregunta que había sabido formular correctamente a las tinieblas.

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