5/23/2005


Todo comenzó porque ella me dijo: mira, esta es su casa. Que curioso no? Estaba tan cerca y tan lejos... y como a mi me encanta hacer ese tipo de cosas le puse una canción que mi presentimiento decía no era su favorita, pero que la voz de mi compañera de aventuras aseguraba lo era. Bueno, eran las 4 de la mañana más o menos, así que jamás esperé con convencimiento que él la escuchara, aún así quería que así fuera... en fin, le dejé una nota misteriosa que narraba lo que estaba sucediendo fuera de su casa en ese momento... se la llevó el viento al final.
Al día siguiente fuimos por él, se veía que no tenía la menor intención de estar siendo recogido por dos loquitas de cuarta. Se subió, platicamos, le hice saber lo que había pasado el día anterior en la parrillada aquella... y ya. Luego esperamos por gasolina, jugamos maratón y el otro juego ese de las letras. Me acompañó a mi casa, criticó mi modo de manejar, no se lo tomo a mal porque quién no lo hace... platicamos y platicamos de “eso” que nos ocupaba, y sí, su cara se veía bien con la luz amarilla pegándole por detrás; llegamos a un acuerdo... el reloj seguía corriendo implacablemente, cada vez era más tarde. Reafirmamos el acuerdo... y entonces recordé que no me había lavado los dientes... jajajaja, “que mal” luego pensé. Se fue, lo vi partir...y lo violaron.

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