5/09/2005

La cruel incertidumbre de tus ojos


Siempre hablas, siempre tienes la respuesta, la salvación... a veces hasta te creo... cómo no creerle a una voz llena de convicción. Pero tus malditos actos destruyen todo, enlodan esa dulce fonética que precedía tu comportamiento. Y así sucede que llega un punto en el que se te agotan las frases expiatorias, no porque te quedes sin argumentes y calles, sino porque ya no valen un centavo, ni siquiera el tiempo que tardo en oírlas y descartarlas...entonces recurres a tu arma más preciada, más victoriosa, casi infalible: esos ojos.
Cuando me miras de esa manera no parece posible que mientas, dices tanto con fijar tu vista en la mía... la sinceridad inunda esas cavidades de ensueño que en ese instante brillan al compás de mis ilusiones. No necesitas hablar, tu discurso pierde poder y dominio en una contienda contra ese modo de ver y convencer mirando. Para cuando agachas la vista ya te creí que la tierra es cuadrada, que la luna es de queso y... que me quieres. Luego tus actos enlodan de nuevo todo el camino ganado, vuelves a intentar con las palabras, si no te funcionan, sigues con esos crueles ojos... y yo, caigo, caigo y vuelvo a caer, sólo que en cada ocasión reincidente, mi corazón se cuestiona con más interés y curiosidad la misma cosa: ¿ acaso no tienes alma?... la gente dice que los ojos son su ventana, que nadie puede engañar sin que esas mirillas lo delaten... Así que prefiero creer que me quieres, aunque todo indique lo contrario, que hacerme a la triste idea de reconocer que amo a una persona que carece de espíritu, porque la incertidumbre que guardan tus ojos parece tan sincera que un día podrías estar juagando a negar tu propia existencia, y al mirate... lo creería

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