11/02/2008

Una copa...

Le preguntaba a Anselmo acerca de la tristeza y del amor, ambos conceptos entrelazados: la tristeza trae implícito el amor en alguna forma, el amor trae implícita la tristeza de alguna forma... al menos el amor que se vuelve drama. Anselmo callaba junto a la copa de vino posada en la mesa; el brevaje rojizo lucía hipnotizante por un extraño haz de luz que lo traspasaba desde el fondo de la ventana. Ese vino era un poco amor y un poco tristeza: carmesí, apasionado, potente, aromático... y a la vez líquido, disuelto, frágil... Y no sólo el vino era eso, todo era un poco amor y un poco tristeza, la comprobación de que lo sublime tiene su parte de decepción, la muestra de que a la plenitud se le escurre la perfección por algún lado, y se vuelve un "casi", un "por poco"... Así era el perfume delicioso que después olía solamente a alcohol, o la mancha en el vestido de seda, el rayón en el disco, la nube que cubre la luna; el amigo llamado Anselmo, que es sólo un gato...y no habla

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