11/27/2008

Impresiones

Ayer, dulce amor, te mirabas sereno;
hablabas, reías, besabas mi pelo;
tu luz alumbraba un instante tan pleno
que incluso hasta el viento frenó por un tiempo.

Ayer en mis brazos te sentí completo,
tranquilo, contento, feliz; eso creo.
Te miré los ojos, y eran un espejo
claro y fidedigno de tus pensamientos.

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Ayer derrepente se te fue la vida,
comenzó a hacer frío, de ese que lastima;
se apagó tu lumbre y fundiste el día:
cesaron los besos, pararon las risas.

En un sólo instante la alegría perdiste,
dejándome enfrente tus dos ojos tristes,
opacos, cubiertos de un velo pesado
a los que no entiendo, pues ven el pasado.

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