6/27/2005

Su adicción a los hombres inteligentes le traía puros problemas: en primera porque era complicado satisfacerla y en segunda porque ese tipo especial de hombres siempre resultaba ser una migraña.
Ese día no quiso pensar más, así que se tiró en la cama a escuchar a San Pascual... se prometió que se aprendería la rola esa que habla del monte para cantársela al amor de su vida, que como dictaba su ideología, sería el siguiente.

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