6/13/2005

Hasta arriba del cerro, estaba exhausta... Marco le había ganado de nuevo en la subida, era la cuarta vez según sus cuentas; el muy infeliz siempre seguía la misma técnica: ir despacio, muy despacio, rezagado al menos por 50 metros, dejar que ella se emocionara, se engolosinara con la promesa de una victoria que le sirviera de motivo para humillarlo... y de repente regresar de sus cenizas; agarrar fuerzas de quien sabe donde y cuando ella estuviera a escasos metros de llegar a la cima, oyera las piedras cimbrarse y sintiera un ligero pero perceptible estrépito en el suelo, que se explicara fácil y desilusionadoramente cuando viera su silueta pasar corriendo junto a ella, dejándola al borde de un ataque de ira y fatiga.
Se acostó en la tierra, comenzó a respirar hondo para recuperarse; estaba molesta hasta que vio a Marco parado a unos tres metros de distancia: Tenía las piernas raspadas y arañadas por las ramas, estaba sangrando un poco de la rodilla derecha y su piel blanca se había puesto de color rojo intenso. El cabello castaño estaba enmarañado por el sudor y la agitación y todo su ser lucía un tanto desastroso. Desde el ángulo donde ella lo veía, el sol lo iluminaba por detrás dándole un aire como de espejismo. A ella le encantó esa visión; era el cuarto cerro que subían juntos, siempre con él, siempre a su lado... tenía suerte de tener a ese hombre tan maravilloso con ella; así, en esa posición, se veía hermoso, cubierto de sudor, con la cara rosada... sin más lo dejó de odiar.
- Párate y ven a ver el paisaje, parece que ya se te olvidó que por eso subimos tan alto.
Era cierto... se incorporó y a su alrededor vio la inmensidad del campo, verde por todos lados, los sembradíos cuadrados y esas enormes montañas que se veían color violeta.
Hasta la cima... con el aire golpeando contra su cara se dejó transportar a un sitio en el que las preocupaciones no tenían acceso. Se sentía poderosa pese a haber llegado de segunda nuevamente, y tan libre como las aves que faltaban para enmarcar ese momento lleno de aire puro y naturaleza.
Él se aproximó hacia ella, le acarició la cabellera negra, ahora polvosa, y contemplaron juntos lo que se erguía debajo de sus pies y más allá de ellos.
Ella realmente quedó abstraída por largo tiempo y no paraba de sonreír, entonces fue que Marco, algo intrigado, preguntó:
- Bueno ¿qué es lo que tanto te gusta de Xaltepec?
Sin pensarlo ella contestó:
- Tú

0 comentarios: