Llegas a casa y de nuevo parece que no hay nadie... alguien se asoma por la ventana vecina curioso de ver quien aparece casi a las doce de la noche. Ese fue el último contacto que tendrás con seres vivos hasta el día de mañana, al menos cara a cara. Vaya sitio tan grande, el jardín lleno de autos, tu lugar está libre, menos mal. Llegas a la puerta y ves luces adentro a través del cristal... que alegría, puede ser que la taciturna apariencia del edificio blanco donde ahora habitas te haya engañado por un momento y en realidad haya una persona adentro... pero que boba eres, hasta pareces nueva, no era más que el farol de la calle alumbrando el interior que tantas veces se ha burlado de ti. Subes las escaleras un poquito decepcionada, tal vez porque esa noche en especial necesitabas un abrazo, aunque en cualquier caso probablemente no lo habrías recibido de todos modos.Entras en tu cuarto, impecable como casi siempre y te quitas el pantalón y todo eso...ahora estás más cómoda, más en un ambiente de confianza. Inmediatamente y sin pensarlo te diriges a la computadora; nada como messenger para aliviar la soledad del abandono. Ese día por alguna razón la conexión no sirve y ahora sí todo se perfila para que la noche sea un fiasco emocional... intentas oír música, irte a dormir; pero de pronto tus discos parecen sólo gritos y tu cama una de valla de púas. Así, pensando qué hacer, tan sólo miras tu celular esperando que alguien se apiade de ti y llame para desear buenas noches... al borde de un suplicio tajante y mortal abres los cajones del tocador en busca del libro que te dejaron leer en esa clase que detestas para distraerse un poco, y ahí es cuando encuentras algo que te hace un poco más llevadera la noche: ese cigarro rancio y medio fumado que durará tan sólo un instante.... te lo fumas y vuelven la intranquilidad y el insomnio... te jalas los cabellos violentamente y te prometes no llamarlo...
6/08/2005
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario