Hay tantos modos de interpretar la vida; tal vez el menos conveniente sea el las segundas intenciones, sí, eso de creer que todo tiene una razón más allá de lo que se percibe a simple vista, como la hipotética situación de que alguien te voltee a ver en repetidas ocasiones... suelo no atribuir importancia a esos acontecimientos, ya que la propia experiencia me ha demostrado que siempre me topo con la visión de la misma persona cuando estoy en clases, y la razón no es otra que mi ubicación; la vista sigue la misma trayectoria siempre que te sientas en el mismo sitio. Es algo incontrolable; pero una persona que interpreta todo con base en las segundas intenciones tal vez crea que el hecho de que todos los dias me le quede viendo al mismo guey en clase significa que me gusta, siendo que es algo que no puedo evitar. Comprendo que este tipo de casos pueden ser muy confusos y crear grandes problemas si estamos convencidos de que esos pequeños y “claros” detalles que el susodicho o susodicha tiene para con nosotros son muestra infalible de un amor verdadero, cuando en realidad no son más de lo que parecen a simple vista . Un claro ejemplo es que si un hombre te dice que le gustan tus trenzas, las probabilidades aseguran que quiso decir exactamente eso, no que le gustas tú.
Lo anterior fue escrito con el fin de incluir el tercer mandamiento a nuestra lista de cómo actuar para que no te rompan el corazón: NO CREERÁS EN LAS SEGUNDAS INTENCIONES
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