Creo que todos sabemos que en ocasiones algunas cosas que realmente nos gustan no son precisamente buenas para nosotros, o que en un momento tal vez lo fueron pero ya no. Aquí encajan los vicios, malos hábitos, la desidia, las personas... Cuántas veces no sucede que se prolongan las relaciones amorosas simplemente porque temes herir al otro cuando es de tu total conocimiento que el sentimiento que los unió en un principio ha desaparecido; lo anterior sucede por temor al propio remordimiento, y a la larga desencadena situaciones más complicadas que ese simple "adios" que resultó muy difícil pronunciar a tiempo. Esta idea de la caducidad experencial ignorada* se aplica también a mi vicio predilecto. Sé que debo dejar de fumar, es hasta idiota que siga haciéndolo pese a todos los contras, es algo impostergable porque va en detrimento de mi más preciado bien, pero ese adios resulta complicado. Evidentemente no escribí esto pensando en Jorge o en los cigarros; la verdadera razón eres tú. Yo sé que no eres mala persona porque símplemente es la verdad, pero el hecho de no ser malo no significa que seas bueno... al menos para mí. Tú debes saber por qué. Lo anterior indica que si soy creadora de kitsch**, hablando del arte de decir adios, y es más que necesario que me vuelva una artista, que por fin me separe de esas ideas que me hice sobre nosotros porque simplemente no van a pasar. Difícil disciplina aquella, diría López Venneroni***
* Cuando una situación debe terminar y no te das por enterado deliberadamente.
** Mal arte, arte vulgar, crítica o sátira al arte
*** Teórico de la comunicación que en su tesis de posgrado repetía frecuentemente la frase citada.
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