3/30/2005

El café de los sueños rotos

Era viernes 13, justo como el día en que decidimos incluirnos uno en la vida del otro, sólo que en esta ocasión me encontraba lejos de su lado, viviendo una vida muy diferente a aquella. El comienzo del año había marcado malos augurios, los horóscopos presagiaban catástrofes emocionales y la gente de iglesia catástrofes globales. Traté de mantenerme al margen de esas oscuras predicciones pero invariablemente los sucesos de mi vida me hacían convencerme cada segundo más de que no estaban tan erradas las aproximaciones fatalistas.
Desde el primero de enero toda la energía recuperada a base de costosa terapia psicológica con el doctor x, se había disipado inexplicablemente, "así nomás" como dice Sixto cuando se le cuestiona sobre cómo comenzó a fumar. Aunado a mi ánimo decadente, la diosa fortuna me dio la espalda del modo más grosero que pudo, poniéndome en situaciones que exacerbaron mi tristeza y desesperación a grados de estrellarme contra las paredes para calmar esas sensaciones*. Y si se trata de hablar de amor y sus similares... hasta mi cuate cupido me dio con la puerta en las naríces.
Con tantos malos antecedentes lo peor que pudo pasarme fue estar viva ese día donde la suerte sale a comer. Me desperté desolada, mucho más supersticiosa que nunca en la vida, con ganas de dormir hasta que tocaran el himno nacional en el dos; pero había que despertar... ya eran las 11 a.m. y parte importante del sía siniestro había transcurrido sin que pasara nada, aunque qué rayos puede pasar mientras duermes...
Por fin salí de la cama y decidí hacer todo lo que haría en un día normal, más por obligación que por convicción. Era viernes así que debía ir a la escuela, a lidiar con el funesto universo y su acomodo desfavorable. Recorrí el camino de siempre cuidando mis espaldas, viendo hacia todos lados con una atención poco usual, tratando de protejerme de las jugarretas del destino. Debido a esa detallada observación de mi ambiente conocido, justo cuando pasaba frente a las carnitas que le dan asco a mi mamá y que ese día se veían más tóxicas que de costumbre, descubrí algo que parecía mudado de otro sitio , algo completamente fuera de lugar que resaltaba notablemente del entorno y no pude reconocer pues nunca había reparado en su existencia.
"Café de los sueños rotos", decía el letrero. Desde el exterior no podía verse qué demonios había adentro, ya que las ventanas estaban cubiertas con gruesas cortinas color naranja estridente; me imaginé que adentro reinaría un ambiente hippi, lleno de flores, calcomanías, sillones cómodos de raras formas y colores psicodélicos como los de las cartulinas que me gustaba comprar cuando iba en la primaria; probablemente me lo imaginé de ese modo por el tono super orange**de las cortinas. El chiste es que el lugarcito me llamó mucho la atención, más por el nombre que por mi decoración imaginaria. Dudé en entrar porque debía ir a la escuela y esos días andaba medio intransigente con eso de dar concesiones al ocio y la curiosidad, ya que un desorden en mi rutina podría traer malas vibras; pero al final me decidí.
Justo cuando empujé la puerta, me dí cuenta que había sido un error... porque se abría para afuera***. Librado ese obtáculo entré al fin e inmediatamente pensé en que mi imaginación se había equivocado totalmente... las cortinas color naraanja sólo lo eran en su exterior, por dentro eran oscuras como el sitio, cuya iluminación dependía unicamente de un foco colocado en el techo con descuido, fuera de eso había unas cuantas mesas deterioradas y una tamósfera de desván tenebroso. Realmente tenía mucha lógica que el "cafe de los sueños rotos" evocara desolación, el nombre lo decía todo, hubiéra sido una contradicción que tuviera flores de colores en las paredes si había sido bautizado con un título puramente pesimista.
En el interior no había nadie, simplemente un letrero en el fondo que decía: "Quien tiene un sueño roto no está de humor para tomar café... te sorprende que no haya un alma aquí?. Eso me hizo reir. - Que suerte haber entrado- pensé.
El final es bastante malo e inexplicable porque ya quería acabar la historia, pero tal vez en un futuro haya otra versión.
*obvia exageración
** jamás en la vida diré una fresada así
*** jua, jua, jua, pequeña broma para romper la tensión.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

chida la introducción, ¿y el resto del pinche cuento?