12/07/2005

si te vuelvo a ver por el parque, no me tires los perros

Era una de esas mañanas de sábado en que lo único que podría llenarle el vacío era que él le hablara por teléfono. Llevaban un rato sin verse como antes, tan sólo se encontraban en la tienda de la esquina y caminando por el parque algunas veces, es lo malo de enrolarte con una vecina, pensaba él; es lo bueno de enrolarte con un vecino, pensaba ella.

Julio había cambiado toda su rutina de paseos sabatinos por el parque para no tener que encontrársela tan seguido, es decir, no había otro modo de alejarla ya que no se podía mudar de casa, además de que consideraba que esa era una medida absurdamente drástica para una relación que había dado todo de sí a los pocos meses de comenzar; pero esa mañana sí que la extrañaba.
Tal vez era la navidad, tal vez el frío o la falta de cosas que hacer la que hacía que su alma tuviera una desesperada ansiedad de verla como antes, aunque realmente lo que pasaba era que hace precisamente un año había comenzado todo.
Julio jamás había creído que eso de las fechas ejerciera un poderoso influjo sobre la añoranza, era lo mismo extrañarla el 2 de marzo que el 7 de diciembre; pero lo curioso es que casi nunca pensaba en ella y esa mañana precisamente se había despertado con una sensación de que hace sólo un día (no un año un día) la había besado por primera vez en uno de loo que constituían los besos más graciosos de su vida.
Se paró de todos modos pese a que era muy temprano y ya estaba de vacaciones. No era del tipo de personas que se desanimaran por una tontería, así que se le hizo lógico que enfrentar un día que ya parecía raro a las 8 de la mañana de un modo despreocupado era la mejor manera de erradicar a primera hora su rareza.
Para las 8:45 de la mañana Julián salía a la calle con su perro rix a dar uno de esos paseos por el parque que ya nuca daban los sábados.

Mariana tenía meses de vivir de la escuela y avocarse profundamente a ella para sacar los resultados que requería y por fin poderse ir a estudiar a Chile. Había ido a que le dieran sus resultados finales un día atrás y casi era seguro que el próximo semestre sería una habitante más de Santiago. Se le hacía realmente gracioso que una ciudad tuviera el nombre de un tipo, sí es bastante tonto que pensara eso y ella lo sabía muy bien, sólo que su papá se llamaba santiago y eso hacía que el sitio tuviera un tinte cómico y que al llegar a casa bromeara con sus hermanos acerca de que pasaría séptimo semestre en Santiago y tal vez octavo en Raquel, como se llamaba su mamá. Dentro de su delirio por los nombres pensaba también, sin externarlo a los demás al contrario de su excursión a Raquel, que le gustaría sin duda irse a pasar la vida entera en Julián. Se ruborizaba cada que pensaba esto porque sin falta lo ligaba con algún pensamiento sexual donde obviamente estaba involucrado su vecino.
Ella la pasaba bien sin él, pero aún mejor cuando él estaba. Extrañaba que sacaran a pasear a sus mascotas y que cada sábado fueran a una cafetería diferente de todas las que rodeaban su colonia. Hace un rato que no lo veía por el parque los sábados y que sólo se lo encontraba esporádicamente en la tienda o cuando sacaba su auto por la mañana. Era un buen tipo, uno encantador, además de que su mamá preparaba un ponche riquísimo que de seguro por esas épocas ya estaba volviendo a deleitar a su familia y a algunos amigos del vecindario.
Esa mañana despertó con un vacío rotundo que bien sabía tenía nombre de hombre, había llegado a su casa como a las 6 de la mañana pero por alguna razón, pese a ser realmente temprano no podía dormir más. Pensó en que debía distraerse, sobre todo después de ver el calendario y darse cuenta de que era 7 de diciembre, el día que todo había comenzado y que había ido a olvidar unas horas antes con aquella borrachera .
Se puso un pants rojo para no salir a la calle con aquella ropa de viernes plagada de olores a alcohol y cigarro, se lavó la cara y tomó a arturito su enorme pastor alemán para llevarlo a dar la vuelta.

Julián iba pensando mientras bajaba en el elevador con rix, que era probable que ese día no viera a Mariana , después de todo conociendo a Mari, como le decía en sus buenos tiempos, los sábados comenzaban en la tardecita después de que se recuperaba de sus borracheras. Un año atrás había sido la excepción porque el 7 de diciembre había sido viernes y después de besarse el día anterior su primer salida había sido un tranquilo paseo por las calles de Narvarte.

Mariana salía de su casa un minuto después que Julián, prendió un cigarro y sintió el típico remordimiento de aquellos que fuman en ayunas, pero no le importó tanto después de darse cuenta que hacía un lindo día allá afuera y ella hacía juego con eso; el elevador ya iba por el piso cuatro cuando oprimió el botón ... tendría que esperar un par de minutos para que volviera al 7, así que se puso a mimar a arturito: - a ver arturito, mi perro de la guerra de las galaxias; en ese instante se dio cuanta por enésima vez que uno de niño no entiende las películas y que ya iba siendo hora de rebautizar al perro con el correcto R2D2 que desentraño como verdadero nombre del personaje de Star wars muchos años después de que toda la familia estuviera tan acostumbrada a creer que la mascota era un arturo que ni siquiera lo relacionaran con la cinta de Lucas. Eso la hizo reír unos minutos, incluso cuando el acensor llegó y la llevo a dar una vuelta al piso 9, donde Isabel, otra vecina de su edad quería sacar a pasear a su perro ese mismo día, a esa misma hora.

Salieron juntas del número 45 de la calle de Zempoala a las 9 de la mañana; iban platicando de tonterías de chicas de esa edad (nuestra edad). En ese instante no parecía que en algún momento de sus vidas hubieran tenido graves problemas por culpa del vecino del piso 5, eso hasta que el vecino del piso 5 fue divisado por Isabel a una cuadra de ahí.
- vaya espalda inconfundible- dijo Isabel maliciosa
- ni tanto, ni tanto- contestó Mariana un poco burlona- la verdad es que hay mejores no?
- Suenas un poquito ardida
- Imagínate estar ardida a estas alturas como para hacer comentario insidiosos, qué patética no?- y asumiendo que isa no sabía que rayos significaba la palabra insidiosa lo dejó todo por la paz y siguió su camino.

A Julián le dieron ganas de voltear hacia atrás, así que no lo pensó más y lo hizo; vaya visión, un poquito para el sur estaba doña Mariana González Canto Jr. Con su pants rojo de los sábados. Hacía tanto que no la veía así, como antes, hasta llevaba perro y todo. En eso Julián decidió conservar la vista al frente, ya la había estado mirando suficiente rato como para que se diera cuenta y simplemente ese no era el punto en todo caso. “De rojo te ves bien”, pues claro que si.
Ahora tenía que hablarle, pero por qué, demonios, el la había mandado al demonio, la versión oficial decía que había sido acuerdo mutuo pero claro que no!!!!!!!!, la había hecho llorar, nada de bonito había en Mari ese día cuando su cara se veía triste y sus ojos hinchados de tanto llorar; pero el jovencito Julián era débil y la iba a esperar hasta que llegara a donde estaba, iba a retrasar el paso simplemente hasta que caminaran casi uno al lado del otro.
En eso Julián recordó sin ninguna razón que Mariana era el tipo de chica que cuando algo le pasa lo pone en su perfil de su messenger. En su mente de repente se abrió la ventana del perfil de mariana un día después de que comenzaran a andar, es decir el 8 de diciembre del año anterior, que decía así: nombre Mariana González Canto, edad: 21 años, estado civil: pareja estable, aficiones e intereses: mi juliancito precioso y mi perro Arturo jajaja, hobbies y pasatiempos: salir con mi juliancito y pasear a mi perro Arturo jajaja.
Se rió un poco y se le hizo como que ese recuerdo había sido una mala broma, así que decidió no disminuir el paso, si por algo había cortado a su insufrible vecina, además rix ya estaba desesperado de no avanzar y toda finalidad de ese paseillo era complacer al animal del otro lado de la correa.

Mariana que ya había dejado atrás a Isabel del noveno piso, remontó un rápido paso con el fin de alcanzar a Julián eventualmente. Se veía bien de espaldas, y obviamente Isa tenía razón; la suya era más que inconfundible: ancha , fuerte, pero a la vez larga y atlética. Julián era el tipo de hombre que le gustaba alto con el pelo muy negro y un poco parecido a ella. Muchas veces en la calle les habían preguntado que si eran hermanos y eso no le molestaba a Mariana en absoluto, al contrario, le parecía un modo en que la gente honraba su perfecto embone y parecido en todo sentido, se sentía perfecto complemento de él-
Discrepaban en pocas cosas, una de ellas era que Julián era un tanto frío cuando se trataba de una relación amorosa; ella lo entendía pero nunca le gustó ese modo de ser; aunque había otras muchas cosas que le disgustaban infinitamente más que eso en Julián. La que más le aturdía era que le agradaran los perros pequeños, pensaba que lo hacían ver gay. Para ella un hombre grande y fuerte paseando un perrito chihuahua era la mayor aberración del mundo, porque en su opinión los perros chihuahua no necesitaban ser paseados, ese era un alarde innecesario que constituía una escena si bien graciosa nada atrayente para una mujer como ella.
Ese día Julián iba paseando a Rix, su pequeño perrito y Mariana sólo lo notó cuando ya iba algo cerca de su vecino. Entonces frenó de repente y decidió llegar al parque de otro modo, por otro lado, tal vez ni siquiera ir ese día. Mari odiaba ese perro con toda su alma, él era el culpable de que hubieran terminado. La versión oficial decía que había sido un acuerdo mutuo, pero ellos sabían que lo cierto era que Arturito se había abalanzado hacia rix gracias a su muy particular y fastidioso modo de ser “pequeño” y que esa había enfurecido sobremanera a Julián, que le había gritado hasta hacerla llorar terminando una relación, que ahora que lo pensaba bien era realmente débil como para terminar por un estúpido can sin chiste.
Mari desanduvo los pasos dados con dirección a su casa, pensando en que habría sido muy desagradable verles la cara a Julián y a su acompañante; mientras tanto iba pensando en lo bien que le iría en Santiago y que sería gracioso que existiera un lugar del mundo llamado Arturito, aunque probablemente se escribiría R2D2 y podría ser una base secreta de la fuerza aérea gringa.

Julián miró hacia atrás para ver que tal lejos estaba Mariana y se alegró de no verla por ahí, ya que habrían tenido que hablar de alguna de esas cosas raras que ella siempre estaba pensando. Lástima- pensó- porque el rojo es mi color favorito. Y claro que lo era, Rix, traía un trajecito que emulaba el de santa claus.

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