¿Y que tal si por una vez me diera la oportunidad de pensar que todo estará bien y que la ilusión no morirá antes de crecer un poco?. Tal vez la felicidad tocaría mi puerta y la cimbraría de tal manera que un estrépito de notas dulces inundara el silencio de mi triste y caprichoso corazón.
¿Y que tal si en esta ocasión cerrara los oídos al ruido de afuera y a los gritos internos que no dejan que te bese con entrega absoluta e interrumpen los momentos sencillos con tanto potencial de ser perfectos? Tal vez un rayo de sonrisas pasaría frente a mis ojos y golpearía mi mirada cegada por el pesimismo, iluminando la esperanza de que todo puede resultar bien.
¿Y que tal si te dijera que sí creyendo que al asentir a tus tiernas súplicas me embarraría un poco del amor que me profesas? Tal vez encontraría respuestas a mis dudas constantes y el miedo no jugaría con mis sentimientos confundiéndolos como sucede más frecuentemente de lo que quisiera.
¿Y que tal si el día menos pensado miro de frente comenzando desde cero y permito que los antecedentes no derrumben mis sueños más profundos? Tal vez llegaría el instante en que decir te amo no sea una cortesía, mucho menos un engaño, en cambio sea el vago modo de expresar lo que tu ser provoca, lo que añoro tu presencia, lo mucho que espero el momento de que vuelvas a mis brazos después de una inmensa ausencia de eternos segundos.
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