4/24/2005

Siento que...


Siento raro, no ese terrible vacío o la angustia de los días comunes sino una extraña e indescriptible sensación parecida más no igual a la necesidad de oír esa voz que tanto me desagrada y que suscita respuestas mentirosas, llenas de creativa maldad y abuso de una inteligencia mal empleada.
Siento que cada día me rebajo más, que me alejo de la perfección que narro en pláticas acerca de la fe y la bondad cristiana. Ya no soy la que un día quise, tengo el autoestima flotando por donde nacen las cumulus nimbus pero eso no basta para siquiera esbozar una sonrisa; hace falta tanto además de eso... tal vez la capacidad añorada de “conformarme” con las cualidades de seres que me fuerzan a dirigir la vista al sur y sentirme bien con ellas, creyendo que los miro de frente.
Siento que me aproximo a la época de la contradicción y la incongruencia; que he rozado el límite de la falta de respeto a mi misma, de la entrega sin convicción, del no me importa nada más que el reflejo del cristal.
Siento que debo correr a una iglesia y desahogarme anónimamente, explicarme en voz alta tantos porqués que me irritan y llenan mi alma de humo oscuro; quiero soñar con que se puede regresar el tiempo, o al menos con la imposible idea de que puedo enfrentar la vida como lo hacía hace un par de semanas sin temor a las miradas que mi paranoia hará que se vuelvan hacia mi de modo reprochador.
Siento que debo pedir tantos perdones... que no arreglarán nada en absoluto.

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