4/11/2009

Anda uno enloqueciendo

Lo acepto, soy un ser influenciable. Si esta declaración le parece asquerosa a usted lector puede ser por dos o más razones: la una, que usted sea de esos seres cuya individualidad exacerbada le impida siquiera asimilar que ser influenciable puede ser tan malo o tan bueno como la influencia de la que se esté hablando. La dos, que usted sea un ser igualmente influenciable y encuentre nefasta esta actitud en usted mismo y por ello verla abiertamente reconocida en alguien más le afecte pues se proyecta claramente ahí. Las demás... usted sabrá.

En fin. Reconozco esta cualidad, defecto, circunstancia, característica o como guste etiquetársele porque así es. Lo soy. Soy presa de mis ambientes, de mis personas importantes, de mis libros, de las letras de mis canciones... pero aún así soy auténtica sabe, porque la influencioa tal vez hable de debilidad en el caracter (no lo negaré) pero aún así se es selectivo en la influencia, al menos en mi caso.

La influencia solía ser mala y comencé a fumar, a beber, a tener una vida amorosa ciertamente desordenada, a desafiar la autoridad, a pretender ser "malona", cosas así...

La influencia también tuvo sus tintes positivos y comencé a oír música bella, a conocer mi parte sensible, a cultivarme en áreas que no habían despertado mi interés, a voverme disciplinada en ciertas cosas, a preciar un entorno pulcro...

Al final de buenas y malas influencias se hizo una persona: versátil como muchas otras, amable en la mayoría de los casos, alegre casi siempre, gustosa de ciertas actividades artísticas y deportivas; con defectos como la indecisión, la malacopez (cada vez menos practicada), el síndrome farol de la calle... en fin.

Hoy reconozco que soy influenciable pero no como maldito defecto detestado, sino como disposición ponderada, porque qué sería yo si no hubiera agarrado pedacitos del entorno, qué sería usted lector? Nunca hubiera escuchado a los Beatles ni descubierto que las gorditas de chicharrón son un manjar, jamás hubiera descubierto las bondades de una mac, oído algo malheriano, disfrutado una ópera, considerado a Internet como un milagro de nuestra era... y otras más profundas, menos pendejas y más olvidables que obviamente no se me vienen a la cabeza.

En fin, mientras la influencia se enriquecedora, pues que llegue y que nutra un poco más mi ser, y lo cambie, y lo transforme y lo haga evolucionar y florecer. Renovar la versión.

1 comentarios:

Setanger dijo...

Lee a Jodorowsky, escucha a Bunbury, vuelvete religiosa hippie, toma tequila solo.

Encuentrate a tí misma.