1/24/2009

Sobre los placeres de afuera, de adentro, de más arriba y de más adentro.

Me dio por pensar (gracias a que hace poco probé un agua de mango deliciosa) que un detalle importante que da sentido a la vida y engrandece la experiencia de vivir es el PLACER. Pero no crea usted que soy una hedonista, vacía, superflua o cosa semejante... ¡no! porque hay de placeres a placeres, de sensaciones agradables a sensaciones exquisitas, y de ahí a sensaciones extasiantes. Justo esa variedad es la que hace que la vida asociada con el placer a veces sea chispita de felicidad, otras luz de felicidad y hasta felicidad explosiva como bomba atómica.
Para hacer una tipología de los placeres yo comienzo por dividirlos en: placeres sensoriales y sentimentales. Osea los placeres de afuera y los de adentro respectivamente.
Los placeres de afuera o eminentemente sensoriales tienen que ver con el placer generado por un estímulo agradable que se aplica a alguno de los cinco sentidos, sin una implicación más profunda que esa sensación.
El placer del gusto tendría que ver con un sabor agradable, como un vino de esos que pueden no ser tan buenos pero uno los disfruta mucho, con unas enchiladas de mole poblano, una tutsi pop, el agua de mango, el arroz con leche... ya quedo claro, creo yo.
El placer del olfato obviamente tendría que ver con olor agradable, que igualmente podría ser un olor a comida que antoja o el típico perfume que resulto exquisito, incluso el olor natural de otra persona o el aroma del pino en navidad.
El placer del oído sería ese maravilloso que genera oír una voz agraciada, el canto de un ave, escuchar la naturaleza, el adagio del concierto de aranjuez. Sonidos que se perciben armoniosos a secas y que son gratos.
El placer del tacto es el de la piel cuando es acariciada, cuando la brisa se impacta en el rostro, sentir la lluvia queda en una tarde calurosa, la sensación de bienestar que proporciona un baño caliente, un orgasmo en términos generales y hasta inclusive esos dolores moderados que generan una sensación agradable en ciertas personas.
Los placeres de la vista también son exquisitos. Ver un hombre guapo por la calle en lo personal siempre me hace sonreír. Cito también un atardecer lleno de colores casi inéditos en el firmamento, ver las diversas tonalidades en la naturaleza, un paisaje hermoso, un arcoiris, estar frente al palacio de Bellas Artes y reconocer que se mira algo que visualmente impone, sin más preguntas, sin referentes más profundos, sólo apreciando la imagen que se tiene enfrente.

Se podría decir por lo anterior que la cuestión sensorial es la más primitiva en cuanto al placer pero ese placer relativamente sencillo puede nutrirse de algunos elementos evocativos de la experiencia y vida personal o social, que lo dotan de una cualidad sentimental , que sería un placer ya no de afuera sino de adentro. Entonces las simples sensaciones del gusto, el tacto, el olfato, la vista y el oído se transforman en placeres más sublimes pues su carga significativa sobrepasa la sensación y el agrado injustificado, y se transforma en un aprecio sensorial nutrido de razones y motivos que respaldan un placer de nivel sentimental.
Por ejemplo:
Un placer sentimental del gusto es que estés comiendo el postre que siempre te preparaba tu abuelita (unos chongos zamoranos por decir alguno) y pese a que es la misma receta, los mismos ingredientes y demás, no te sabe tan bien como si lo hubiera preparado tu abuelita en persona, aunque probablemente sepa justo como el de la señora Chelito (tu abuelita pues); o al contrario, que el sandwich que te hace tu novio puede ser la cosa más simple del mundo, dos panes y una rebanada de jamón pasado, pero para tí tiene un sabor glorioso pues lo hizo el hombre al que amas. También se me ocurre cuando tomas un vino mexicano, que digamos no es el mejor vino que existe, y sientes un apego y agrado muy marcado al sabor de ese terruño nacional pues bebes vino de tu país y eso en sí mismo te deja un muy buen sabor de boca jeje.
El placer sentimental del olfato es uno que particularmente en mi vida desata muchas emociones de intensas. Por ejemplo el olor a limón y mandarina de una crema para el cuerpo que mi mamá me regaló, siempre trae un placer especial cada que lo percibo pues evoca mi viaje a Alemania, ya que me llevé una botellita de esa crema en la maleta y me la ponía todos los días por el frío. El olor a frgancia de caballero (jejeje) también es muy evocativo si es que tienes asociado determinado aroma con determinado varón. El olor del pino de navidad que ya mencioné antes, en mí provoca además de un placer sensorial uno de carácter sentimental pues representa mis recuerdos navideños y una época feliz y llena de ilusión. A veces a mí en pleno enero me llega un olor a primavera, incluso hay días raros en los que me huele al año 2005... extraño es, y muy sentimental también.
El placer sentimental del oído es uno brutal. Empezaré por referirme a la música.
Probablemente han escuchado por ahí que de todas las bellas artes la más inmediata en cuanto a comprensión y grado de conmoción en los seres humanos es la música. El efecto de ésta es evocativo por naturaleza; una melodía puede recordar infinidad de cosas en un ser humano. La música también hace soñar, hace pensar en cosas que nunca se nos habrían ocurrido; despierta la imaginación, hace llorar, hace reír, hace que uno le suba al volúmen para que el fuego del sentimiento arda con toda libertad.
En el cine la música es herramienta fundamental, ya que gracias a esta se acentúan los sentimientos y se crea la atmósfera ideal para manipular el alma del espectador y dirigir la emoción hacia donde se desea. La música también es narrativa, cuenta historias. Un ejemplo de esto lo ví en una película sobre la vida de Beethoven, en la que un discípulo le pregunta, tras oírlo tocar determinada pieza musical, en qué se inspiró para componerla; a lo que Beethoven responde: "Esta obra refleja la angustia que invade a un hombre porque no puede encontrarse con su amada ya que la rueda del carruaje en el que viajaba se atoró en el fango"... y ya sea que uno escuche la pieza y piense en eso (lo cual es improbable) o no lo haga, una historia saldrá de las notas, la que sea más comprensible al que escucha, la que se relacione con él; su propia historia.
Otro placer sentimental que en lo personal relaciono con el oído es el escuchar el Himno Nacional Mexicano, ya que por su letra, su música, pero sobre todo por lo que representa, llega a enchinar la piel en ciertas ocasiones; tiene una carga emotiva profunda.
El placer sentimental del oído también tiene mucho que ver con las voces. Se da cuando llegas a amar el sonido que emite otra persona, ya sea su manera de reír, de suspirar, ¡de roncar inclusive!
También cuando el amo encuentra gran placer en el ladrido de su perro por el simple hecho de que adora al animal, aunque el sonido no sea grato en absoluto sino todo lo contrario.
Y ahora el tacto y lo sentimental. Vaya placer intenso, grande. Éste lo voy a circunscribir al amor. (no porque sólo se encuentre en él, sino porque es antojo mío enfocarlo así jeje)
Ya hablaba antes de las caricias; éstas por ser sutiles, quedas, tiernas, agradan al cuerpo. Pero cuando son caricias del ser amado tienen una cualidad sentimental, la del amor, la pasión, la entrega, la devoción. Al igual que los besos, al igual que los abrazos, las caricias siempre pueden sentirse bien pues su propósito es estimular y consentir a la piel, pero cuando todas esas muestras de afecto y confianza vienen inyectadas de amor por la persona que nos las ofrenda, se vuelven un universo distinto, extasiante, placer consumado. Tocan el acorazón.
Es como cuando uno de puberto o adolescente encuentra enorme placer en tocar o siquiera rozar la mano del objeto de deseo que nos hechiza en ese tiempo. Lo sensorial es tan sutil, y lo sentimental tan contundente...
Finalmente el placer sentimental de la vista en primer lugar lo enfoco al arte pictórico, escultórico, arquitectónico, fotográfico y dancístico, y en segundo lugar a los rostros significativos, los lugares, los objetos, y los animales que represntan placer por motivos personales o sociales.
Me considero admiradora de la arquitectura Gaudiana porque representa la naturaleza, la imitación de sus formas, colores, ritmo; pero también porque engloba un alto simbolismo religioso (en la Sagrada Familia por ejemplo). Admiro esa arquitectura porque en primera instancia y sin reflexionar me parece bella; así de golpe la veo y me parece un sueño. En segundo lugar me encanta porque tras reflexionar acerca de ella me parece aún más bella por los significados que se esconden en los materiales, las dimensiones, los colores.
Los lienzos del zodiaco de Jofrah Boschart me gustan más por la intrincada simbología esotérica que contienen, que por su belleza que a algunos impacta en un inicio. Para mí poseen armonía visual tras comprenderlos y no antes de ello. Mis ojos los valoran por el significado asociado a las formas retratadas; el placer surge gracias a ello.
Entre lo placentero/visual/sentimental también mencioné hace unas líneas a los objetos. Existen cosas que por el simple hecho de mirarlas provocan placer a ciertas personas: como una colección. Me imagino el sentimiento de orgullo y apego que debe sentir el coleccionista por el simple hecho de contemplar esos objetos especiales que para su gusto merecieron ser apartados del caótico resto de objetos distintos a ellos. También hay otros objetos como los libros o como las cartas, que más allá de su lectura repetida causan placer al contemplarse y ya, esto por significados muy particulares que las personas les atribuyen.
Algo también muy típico en esta cuestión del placer visual sublimado es cuando uno encuentra bello e insuperable estéticamente a algún ser determinado (no importa si lo es en verdad o no). En ocasiones una persona ve a otra con los ojos y también la ve con el sentimiento del amor, y éste último indudablemente es el filtro embellecedor por excelencia y el mejor photoshop que existirá jamás. Así que el caso anterior el placer visual sentimental se vuelve mucho más sentimental que visual.

Además de los placeres sensoriales y sentimentales (placeres de afuera y placeres de adentro) existen los placeres intelectuales , que yo llamo placeres de más arriba (refiriéndome a que son más elevados que los dos anteriores). También ocasionalmente se les nombra: "orgasmos intelectuales".
Estos los describiré en función de ciertas circunstancias determinadas, tales como: el darse cuenta de algo, entender la complejidad que se escondía en un tema, leer la frase que perforó el espíritu, el comprender un misterio, el platicar de modo estimulante con alguien, aproximarse al saber ancestral y notar la grandeza del hecho en algún detalle tal vez insignificante, sentir que uno aprende, percibir que los pensamientos se vuelven claros. Este placer intelectual viene a ser de algún modo descubrir alguna porción de "la verdad" oculta en el universo.

También existe otra clase de placer: el mal sano (que nombro placer de más adentro porque tiene que ver con el inconciente oculto del hombre jeje). Este surge gracias a la frustración, la envidia o el odio; es decir gracias a ciertos sentimientos negativos que nuestro inconciente o nuestra psique dañada no interpretan como indeseables, y por ello deja desarrollarse hasta dar origen a placeres retorcidos tales como alegrarse del mal ajeno, de la muerte de alguien, de que truenen los noviazgos, de que a los gringos les tiraran las torres gemelas, de que tu amigo repruebe el examen, de que quiebre la tienda de zurdos de tu vecino... jajaja, cosas por el estilo, y por supuesto existen casos peores de este placer como el gusto por matar, el agrado de hacer daño, que resulte excitante violar a alguien y otros placeres igualmente aberrantes.

Hasta aquí llega mi descrpción del placer, no dudo que existan otras formas en que este se presenta y que pueden dar pie a una clasificación menos improvisada.

Como despedida transcribo una frase, que viene mucho al caso, de Ernest Von Fenchstersleben:

"Sin dolor no se forma el carácter; sin placer no se forma el espíritu"

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