1/14/2009

La mano

Chica no es la ciudad,
no es pequeña, la verdad.
Creo que fue algo del destino
el terrible desatino
de encontrarlo por Neruda.

Al principio tuve duda,
pero se veía como antes:
con sus modos elegantes
caminando por la calle,
y en su ropa algún detalle
que lo hacía verse distinto.

La bufanda color tinto
que le regalé hace meses
fue elegida muchas veces
para habla de su buen gusto.

Esa tarde me dio susto
ver que la traía en el cuello
pues lo hacía lucir tan bello,
ese trozo del pasado,
que depronto había olvidado
que el ayer es cosa muerta
porque ya no se despierta:
debe descansar en paz.

Más al ver cerca su faz
para hablar busqué un pretexto,
y olvidé ver el contexto:
De su mano una mujer...

¡Qué celos, qué enloquecer!
pues sentí la frustración
de aquél cuya posesión
roban con alevosía.

¡Es que esa mano era mía!
junto con cada caricia,
llena de intensa delicia,
que por mi cuerpo paseaba.

Con mis labios la besaba
ofrendando idolatría
porque me pertenecía
y era cosa natural...

Pero esa tarde otoñal
Ya su mano mía no era.

Traté de dejar afuera
de mi pecho la tristeza
y con fingida entereza
los miré y pasé de largo.

Después sentí el gusto amargo
posterior a los "hubieras"
¡Pinche mano... si supieras! ***




*** ¡Mano amada... si supieras!

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