Perdone usted toda la ingratitud, y los dejos de rencor sin sentido; porque directa e intencionalmente casi siempre nadie tiene la culpa de nada, y usted menos. Uno es lo que es, hasta que deja de serlo. Tal vez yo no era la persona que lo haría a usted renegar de su comportamiento, inclusive puede ser que individuo capaz de realizar tan grande proeza no haya nacido aún, ni lo hará jamás; pero la disculpa nace en que nunca supe comprender toda su esencia... arrepentida estoy por ello.
Aprovecho el momento para agradecerle todo lo que usted hizo por mí, que tal vez por el paso del tiempo le cueste trabajo reconocer en estos días, pero que sin duda fue enorme en su momento, y tenga por seguro que mucho de lo que tuvo a bien brindarme hace algunos ayeres aún repercute en mis andares presentes de manera, si bien intermitente presumo que interminable también.
Hay cosas de usted que serán difíciles de olvidar, porque persona de su sensible naturaleza y devota compañía es difícil de encontrar, por eso no dude que lo llevaré en mis recuerdos al menos por algunos años más.
Un saludo para la eternidad, esperando se cumplan sus sueños y esperanzas, mandándole por medio de buenos deseos todo eso de lo que tal vez carezca para cristalizar sus triunfos. Reincido en las disculpas, ofreciéndole jamás tener que darlas de nuevo.
Un caluroso abrazo le envío, aguardando nuestro próximo encuentro amigo.
7/22/2006
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