Es muy común cuando se dice que nunca llegas a conocer a una persona por completo, es verdad, pero casi forzosamente pasar tanto tiempo con alguien hace que te acerques un poco a ese punto en el que le puedes decir: te conozco.
Yo sé que te conozco, y no porque sepa que sabor de helado te gusta, o que música oyes, tampoco porque entienda que palabras hacen que te sulfures o la razón de tu tristeza ocasional.
Yo te conozco porque he descifrado tus defectos, esos que la gente con la que tratas superficialmente ignoran, y los conozco porque vivimos cosas y momentos que hacen que surjan de vez en vez; cosas que tal vez no vives con nadie más.
Tus defectos me hacen pensar muchas cosas... una de ellas es que la gente no cambia fácilmente algunas cosas que en realidad constituyen su esencia.
Desde que te conozco te has transformado, he visto surgir una persona diferente que ha evolucionado cuando la situación lo ha requerido; pero hay ciertos detalles, los más irritantes, que son parte de ti y creo que nunca lograrás superar.
Tus defectos hacen que a veces quiera alñejarme de ti y darte la espalda por completo, tus defectos arruinan lo que se ha formado con tantas horas de aprecio y convivencia, tus defectos son eso que jamás contaría a las personas al hacer tu précis. Pero a la vez conocerlos me hace saber que esperar de ti, a que debo atenerme, que cuestiones debo obviar para que todo marche bien, que palabras debo omitir para que nuestra relación no se vuelva una batalla o una inconformidad.
Tal vez debería entenderte mejor, analizar los por qués de tu manera de ser; pero cuesta tanto trabajo... porque precisamente tus defectos son lo que nos separa, las enormes diferencias que sacan de quicio a grado tal que a veces me cuestiono acerca de por qué compartimos espacio.
Somos diferentes, muy diferentes, y eso es bueno a veces, y malo las demás, es que siempre me será difícil entender a la gente orgullosa, a la gente informal, a la que hiere sin miramientos, a la que desea controlar sin razón, a la que no le hiere la deslealtad.
Mis defectos no los veo ahora, pero los hay, debo tener cosas tan fastidiosas como tú. Pero tal vez ni siquiera sean defectos, sino enormes diferencias, donde lo imperfecto no es el comportamiento en´sí, sino la incapacidad humana de aceptar lo distinto y hacerte a la idea de que no está tan mal.
6/17/2006
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