Cuenta una historia que una tarde un célebre Santo caminaba por las calles de la ciudad en donde predicaba la palabra de Dios. Derrepente un hombre que caminaba por la misma calle que el Santo gritó dirigiéndose a él:
- Hey, mire, un puerco volando!
El Santo miró hacia el cielo, lo que provocó la risa de los que estaban presentes. El hombre que había gritado se burló diciendo:
- Que tontería! cómo es que tú pudieras creer que un puerco estaba volando!
A lo que el Santo con toda sinceridad contestó:
- Prefiero creer que los puercos vuelan, a creer que un cristiano pueda mentir.
La confianza es ciega, tratemos pues de no abrirle los ojos con alguna mentira que dañe la fé en nuestros amigos.
5/03/2008
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1 comentarios:
Fue Santo Tomás, saludos
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