A veces cuesta trabajo decir las cosas, pero para mi gusto es mejor hablar; porque aclaras las situaciones y no te quedas en suposiciones. Casi no hay nada que no se pueda resolver hablando. Puede que hacerlo sea más duro que el silencio, pero a final de cuentas el alma descansa sobre las certezas.
Las palabras dañan, pero por cada una de ellas debe haber otra que sane. Callar es indiferencia.
3/16/2006
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