Detrás de un árbol estaba espiando a Pinky mientras hablaba con el pueblerino, y es que eso del chisme tras bambalinas, estilo paparazzi, me resulta muy interesante.
El le reiteró de un modo evasivo como era su costumbre que ya no insistiera más con él porque lo que había pasado debía quedar como un lindo recuerdo.
Se separaron, cada quien siguió su camino y cuando el pueblerino estaba ya muy lejos para oírnos, salté hacia Pinky y le di un fuerte abrazo.
Temiendo que se sintiera devastada por lo que había pasado, se me hizo muy extraño verla sonreír tranquila, por lo que le pregunté:
-¿cómo es que te ríes, no estás triste por lo que acaba de pasar?
- que chismosa, te pusiste a oír...
- eso ya no importa, dime cómo estás
- pues bien, que no me ves?
- Sí, pero no comprendo tu alegría
- Es que no pasó nada, un día vamos a andar
- Pero si no... te va matar el corazón
- Querida 0011, “la resignación es en sí un suicidio cotidiano”
10/30/2005
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