Cuando te dejé ir llovía.
Sí, te dejé ir porque te dije: vuela, ya no te quiero en mis manitas... y volaste. No sé, no tengo idea a dónde te fuiste. No te veo desde esa vez, igual y volaste muy alto, igual y solo te fuiste lejos, tal vez estas dando vueltas en círculo, pero ya no lo sabré.
Como ha pasado mucho tiempo ya me atrevo a confesar que las razones que impulsaron esa despedida no existen más... la verdad esa tarde - noche yo creía que el mundo era diferente, que lo que importaba de verdad era diferente y por eso dije: vuela.
Hoy creo que definitivamente no éramos el uno para el otro. Eso seguro, porque también lo que afectó la situación entre los dos era que yo siempre dudaba.
Al margen de esta historia estoy convencida de que nunca voy a dejar de dudar, porque esa es mi esencia. Pero también estoy segura de que un día tendré que frenar y aprender a vivir con la duda, tendré que volverla pequeña, no invasiva para que así no dañe a mi pareja y no contamine mucho mi relación. Un día le voy a ganar a la pregunta y a la exigencia y tendré que decirle: "sí, ya se que no es perfecto, pero casi... bueno, ya se que ni siquiera es casi perfecto, pero lo amo".
7/31/2011
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