7/22/2008

Luciérnagas

La oscuridad enmarcaba el momento, sin luna ni nada, las estrellas no salían y eso era raro, en ese instante no me sorprendió, pero ahora que lo pienso era bastante raro... acaso no estábamos al aire libre? puede ser que en realidad todo se tratara de una artimaña ambiental que jugaba muy bien el papel de intemperie? Eso no lo pensé, eso no importó realmente. Tú y yo, y la penumbra. no hablamos porque eso de hablar no importa a veces, ya había aprendido que las palabras sobran o más bien faltan en esos casos. El abrazo es el lenguaje más preciso para expresar lo que se siente, lo que se vive. La respiración faltando, eso es indicio inequívoco de que algo muere, se apaga, como las estrellas en esa ocasión... Percibí como dejábamos de existir como un par, que nos iríamos extinguiendo como la llama de una vela a falta de oxígeno, como el experimento escolar en el que pones un vaso sobre el etéreo fuego y este queda atrapado sin posibilidad de crecer, dejando sólo el recuerdo de que existió mientras contemplas su muerte. No había luz ni una pizca, ni un indicio; ambos callados en el vacío de una noche sin iluminación, una noche de oscuridad plena, total, atemorizante. El lugar parecía irreal, no veía nada, los ojos sobraban, no podía verte. No existía el movimiento, todo era silencio, inclusive nuestros cuerpos parecían ya muertos, nuestro abrazo era estático, resignado, inerte, desesperanzado... derrepente, casi a punto de rendirnos por la falta de señales brotó a la distancia un destello, no se si tú lo viste primero o fui yo; un movimiento salió del corazón, parecía volver a latir ante ese fuego profético que dio calor a la noche; detrás de ese destello siguieron otros muchos, que surgían y se apagaban con rapidez, pero que iluminaron el entorno uno tras otro, como trayendo nueva ilusión al presente. Un movimiento surgió, el que provoca el escalofrío, un tiritar que compartimos, que nació de tu piel o de la mía, tal vez en una primero y contagió a la otra o tal vez al mismo tiempo, como un orgasmo simultáneo. La vida parecía volver a llenarnos, a inundar nuestros espíritus. Llenos estábamos de la magia de las luces, que nos acercaron a ese beso que creímos que ya nunca llegaría

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