9/24/2006

Ahora

De un día para el otro había comenzado a llover mucho, y mucho es como en los libros de García Marquez: llover sin parar, horas y horas. No recordaba ningún momento de mi vida en el que eso hubiera sucedido, tal vez sí había pasado y simplemente no había prestado atención... pero me comenzó a dar angustia.
El día anterior al diluvio el calor era abrumador... un chingo, más del que pudiera soportar sin abanicarme... y derrepente la lluvia. No me explico de dónde salieron tantas nubes. El cielo era blanco, no azul y lluvia en todos lados.
Un grito se antojaba como la solución, el desahogo, pero uno inteminable como la lluvia que caía y no tenía fin.
Estaba enloqueciendo, así que comencé a buscar cosas con las que distraerme... pero nada,nada más que la lluvia me atraía, nada más que los cristales de la ventana mojándose y el ruido de las gotas al chocar con todo,porque el agua estaba en todos lados.
Una gran pila de platos en la cocina, un extraño dolor en mi cabeza, el sabor a tabaco en la boca y el remordimiento por no comenzar a hacer mi trabajo. Qué débiles nos volvemos ante lo sombrío... que débil me sentía en ese preciso momento.
Tenía que volver al sol, ¿pero cuándo? aún faltaba mucho tiempo, muchos días, miles de minutos... y seguía lloviendo.

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