2/27/2006

vida invariable capitulo 1

Esa noche venía pensando un buen de cosas, y que llego a Zempoala y creía por un segundo que el semáforo me iba a tocar en verde, y resulta que no, que justo cuando iba a llegar al cruce cambió de amarillo a rojo en dos milésimas de segundo; maldito semáforo, tarda 20 años en cabiar de color... Ahí fue cuando recordando no me llegó a la mente ninguna imágen en la que ese estúpido semáforo me hubiera tocado en verde, jamás... bueno no podía ser, tal vez era una exageración de mi parte, así que para no quedarme con la duda, porque eso me caga, decidí hacer un estudio de campo para ver si deveras el semáforo aquél nunca me tocaba en verde; recuerdoi que justo cuendo tuve esa idea estaba segura de que se me olvidaría y no llegaría a concluir nada.
A la noche siguiente salgo por eje central, misma ruta de cada noche, llego al cruce de zempoala, y madres.... que me toca el alto en rojo, con una evolución de colores exactamente igual que la noche anterior, cómo se me iba a olvidar entonces mi estudio de campo, ahora sí comenzaba el conteo: 2-0 favor luz roja. Seguí mi camino rumbo a la casa y resulta que me dí cuenta de que el semáforo de eje central estaba en verde y podía pasar con libertad, pero subitamente cuando estaba a punto cruzar universidad, madres... que pasa ese fenómeno de los cambios en milésimas de segundos.
Bastante mal, bastante mal, ahora no llegaba a mi mente un recuerdo de que ese semáforo alguna vez me hubiera tocado en verde... vaya mamada, bueno, aunque de seguro se debía a que siempre hacia el mismo tiempo del semáforo de zempoala a ese y por eso el tiempo promedio del cambio verde del primero, a la llegada hacia el segundo daba como resultado rojo, casi verde... en fin, de todos modos decidi incluir esa variable en mi estudio de campo del día siguiente, nomás para verificar.
Resulta que después de casi dos semanas de estudios todas y cada una de las noches el puto alto de zempoala era rojo, su similar de universidad también, y de paso había descubierto otras alarmantes repeticiones de eventos en mi diario recorrido a casa.
Ahora resulta que siempre que logro cruzar zempoala hay un señor de pants azul paseando a su perro; el cafe ese al que siempre he querido ir tiene a una pareja en las mesas exteriores, y siempre tengo que dejar pasar a un cabrón (uno sólo siempre) antes de dar la vuelta en morena...
Comencé a asustarme con la idea de que los seres humanos somos como mecanismos parecidos a los que hacen que el semáforo de Zempoala dure un millón de años en ponerse verde; así que decidí cambiar mis hábitos de manejo nocturno para comprobar que la vida no es un absurdo patrón; pero después de una semana me dí cuenta de que no importando que tan rápido fuera en el viaducto, que tanto acelerara de zempoala a universidad, o que tanto frio estuviera haciendo en la calle siempre me tocaban rojos los semáforos, el hombre del pants azul paseaba a su perro cada noche y alguna pareja tomaba un café en el local de las cortinas verdes...
Al darme cuenta que mi plan no surtía efecto me atreví a variar mi ruta una noche y regresar a casa por xola; resulta que el semáforo de la torre de mexicana me tocó en rojo y de tonta comencé a preguntarme si alguna vez había pasado por el en verde; no pude recordar un día pero se me hizo estúpido preocuparme por ello; pero a la segunda noche volvió a pasar lo mismo y fue entonces que decidí jamás regresarme por esa calle pues corría el riesgo de comprobar que los patrones existen y en cada rincón del mundo.
Estaba un poco alterada porque según yo había algo de misticismo en todo eso, lo creí mucho más cuando después de tres meses seguía pasando exactamente lo mismo en la calle de zempoala... Terminé por ponerle un día a mi descubrimiento, que sería el 19; aniversario de la primera vez que me percaté del odio que sentía por mi ese semáforo, y en cada uno de mis soliloquios lo llamaba el día del descubrimiento.
Me hice tan a la idea de que era inamovible ese patrón de eventos nocturnos que casi me da un shock cuando pasando por zempoala me detuve y entonces comenzaron a pitarme un par de autos para que avanzara, pues el semáforo nunca se había puesto en rojo y frené sin necesidad de hacerlo. Avancé tras las molestas solicitudes y derrepente comencé a sentir que la seguridad se me escurría por las piernas...

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